Misterio Bajo la Carpa

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Capítulo 4

El Diario de Penélope

Sage Walker hojeaba las páginas amarillentas del diario que habían descubierto, un hallazgo que resultaba sumamente extraño para ella y sus amigos. Con plena conciencia de la posible peligrosidad de la situación, decidieron examinar detenidamente los objetos encontrados en la Guarida del Misterio.

Daniel investigaba en su computadora alguna clase de información que coincidiera con la descripción gráfica de la escultura tallada, aunque lamentablemente no obtuvo resultados positivos. En cambio, Terry se sumergió en la lectura de las cartas del tarot, buscando cualquier pista que pudiera revelar detalles sobre el misterioso propietario.

—Mi madre leía las cartas a nuestros vecinos, por ahí del año 2010. Lo recuerdo muy bien. Ella nunca me enseñó, pero recuerdo que las vecinas se amontonaban dentro de casa porque querían saber que les deparaba el futuro —Terry hizo una pausa y cogió aliento— aunque todos sabemos lo que pasó.

—Lo siento mucho, Terry. Creo que nunca te lo dijimos porque, como sabemos, no nos conocimos en los mejores términos —afirmó Preston.
—Todo está bien, chicos.
—Escuchen esto —Sage llamó la atención de todos— este diario tiene entradas que son muy interesantes. La persona que lo escribió se llama Penelope, parece que nació en Barcelona. Tiene algunas notas escritas como “Te amo Leonard”.

—¿Porqué alguien habría de querer que encontráramos ese diario? —preguntó Preston.
—Estoy segura de que esto nos llevará a descubrir lo que estamos investigando. Estuchen con atención:

“Querido diario. Hoy es 31 de mayo del 2013. Estamos en San Francisco. La travesía ha sido larga durante estas fechas y me siento un poco sofocada. Le he mentido a Leonard sobre mis sentimientos, pero el señor Page me tiene muy enamorada. No sé qué hacer. Estar con el Señor Page me permite influenciarlo para mejorar nuestros salarios y que todos nosotros, como empleados, tengamos una vida más digna. Sueño con el día en que mi hija y yo nos vayamos de este circo. Ella necesita vivir otra vida diferente a esta”.

—El señor Page es el dueño del circo y Freddy mencionó que el altercado se debió a una discusión entre trabajadores sobre las condiciones laborales —dijo Daniel.
—No olviden los problemas financieros que también mencionó. Seguro que por eso no les ha resuelto los salarios —agregó Terry.

—Freddy nunca dijo qué fue lo que salió mal —Sage cerró el diario— digo, no encuentro el motivo para que una persona resultara golpeada.
—Entonces esa mujer, Penelope, estaba en una relación con el tal Leonard y el señor Page —concluyó Preston.

—Así es. Y tiene una hija que, al parecer, trabaja en el Circo Estelar.
—¿Y si esa hija es Indira? —preguntó Terry.
—No lo creo —respondió Sage— Indira es empleada temporal del circo. Ella va a la universidad. Seguro que solo trabaja cuando el circo viene a esta ciudad. Creo que no tengo más opción que llamar a Indira para preguntar sobre la identidad de la hija de esta mujer.

****

Terry pasó la noche trabajando en el Paradox. Eran casi las nueve de la noche. La afluencia de clientes ese día era limitada, lo que convertía la jornada en una experiencia tranquila para el joven. Ricardo, quien estaba tomando un día de descanso, encomendó a Terry la tarea de cerrar el bar.

El único camarero en servicio junto a Terry era Miguel, un estudiante universitario que también resultó ser amigo de Preston y Daniel.
—Está un poco lento ¿no? —Miguel puso bandeja de servicio encima de la barra del bar.
—Si —Terry sonrió— normalmente así son los primeros días de la semana. Solo espera a que llegue el jueves y esto se llenará.

—Me imagino, pero me gusta trabajar aquí. El ambiente es bastante agradable y tenemos al cuervo cerca.
—¿La estatua del cuervo? —preguntó Terry.
—Sí. Dicen que ha brillado en varias ocasiones. El otro día, un amigo de la escuela, me dijo que vio unas luces brillantes cerca de la estatua.
—Interesante, aunque yo nunca he visto nada. Siempre me pierdo lo bueno.

—Digamos que no has tenido la oportunidad.
Miguel esbozó una sonrisa mientras disponía algunas botellas de cerveza sobre la bandeja, mientras tanto, Terry manejaba una de las computadoras para registrar las órdenes de cerveza.
—Me pidieron una pizza para cuatro personas —comentó Miguel.
—¿Para la mesa cinco?
—Sí.
—De acuerdo —Terry capturó la orden en la computadora.

Minutos después, el joven Blake procedió a limpiar algunas de las mesas que los comensales habían desocupado. En ese momento, su teléfono sonó y, al sacarlo para revisar el mensaje recibido, descubrió que era de Hunter Pryce, quien lo había dejado a cargo de su casa. Hunter había capturado una imagen de sí mismo en la Torre Eiffel y decidió compartirla con Terry. Al observar la felicidad de Hunter en la foto, Terry esbozó una sonrisa y le respondió con un mensaje:

“No sabes la envidia que me das en este momento”.

La puerta del bar se abrió para dar paso a dos nuevos comensales que ocuparon una mesa en la parte central del local. Terry guardó su teléfono en el bolsillo y regresó a la barra, donde continuó gestionando pedidos en la computadora. Miguel se encargó de atender a los recién llegados, transmitiéndole a Terry sus solicitudes. Mientras seguía con sus responsabilidades en el bar, Terry, en un momento de distracción, notó que los dos hombres recién llegados lo observaban fijamente.

Eran individuos altos y robustos, vestían camisetas sin mangas y exhibían tatuajes en los brazos. Terry frunció el ceño y cruzó los brazos. En cuestión de segundos, los comensales comenzaron a charlar entre ellos, como si intentaran desviar la atención de Terry. Este se dirigió a la cocina para recoger algunas órdenes de otros clientes. Al regresar con una bandeja cargada de platos servidos, se percató de que los dos individuos habían desaparecido.

—¿Y la mesa ocho? —preguntó Terry.
—Pidieron la cuenta rápido —respondió Miguel— se tomaron las dos cervezas muy rápido.
—¿En serio?
—Estuviste abajo en la cocina como media hora.
—Perdí la noción del tiempo.

Los dos jóvenes continuaron trabajando hasta las dos de la mañana. Terry y Miguel se encargaron de cerrar el bar, luego de que los últimos comensales se fueran a la 1:45 de la mañana. Hunter Pryce le había dejado su coche a su amigo Terry, quien lo llevaba al trabajo todos los días. Como no quería que Miguel caminara hasta su casa debido a los peligros que rondaban por la ciudad, optó por llevarlo a casa, así que ambos chicos se acomodaron en el coche.

Antes de ponerse en marcha, los dos hombres fornidos a quienes Miguel había atendido en el bar unas horas antes salieron de un callejón y golpearon la puerta del conductor con un fuerte manotazo.
—¿Qué carajo?
—Son los que entraron al bar —dijo Miguel.
—Espera aquí.

Los dos hombres se le quedaron viendo fijamente a Terry, quien bajó del coche sorprendido.

—¿Por qué hiciste eso?
—¿Qué? —preguntó el primer hombre.
—Le diste un manotazo a la puerta de mi coche.
—Para llamar tu atención, niño idiota —dijo el segundo hombre.
—¿Disculpa?
—No te queremos ver de nuevo en el Circo Estelar o tí y tus amiguitos sufrirán las consecuencias muy caro.

Terry empezó a caer en cuenta. Había visto a los dos hombres en el circo, en el Desfile de Rarezas. Por algo sus rostros eran tan familiares para él.
—¿Quién eres tú para prohibirme la entrada a un lugar público?
—Advertido estás —le dijo el segundo hombre mostrándole el dedo índice de modo amenazante.

Los dos hombres se alejaron caminando silenciosamente entre la oscuridad de la noche. Miguel bajó del coche, frotándose los brazos al sentir el frescor del clima.

—Terry, ¿está todo bien?
—Sí, no te preocupes, Miguel. Eran dos simples borrachos que quieren molestar.
—¿Porque fuiste al circo?
—Sí —Terry se giró e hizo contacto visual con Miguel— es que mis amigos y yo estamos ayudando a Sage a resolver un caso. Tú sabes, ella es una Blogger y esos estúpidos quieren molestar.

Miguel parecía impresionado por las afirmaciones de Terry. Conocer a la Blogger más famosa de la ciudad parecía ser un gran acierto en su vida.

****

La mañana siguiente, Terry reunió a sus amigos en la Guarida del Misterio. Daniel había sido el primero en llegar, ya que se encontraba documentando nuevamente la información que perdió a manos de los Buscadores tiempo atrás. Preston y Sage arribaron a las diez de la mañana y Terry aprovechó para contarles a todos sobre el inusual encuentro con los dos hombres del circo.

—Entonces ¿se portaron agresivos? —preguntó Preston.
—Me amenazaron, no sé si de muerte, pero lo hicieron. Solo me dijeron que si nos veían en el circo nos atuviéramos a las consecuencias.
—Eso no es opción para nosotros, ¿o sí chicos? —preguntó Sage.
—Podríamos ir Terry y yo —sugirió Preston.

—Oh no —Daniel alzó su índice derecho— ya estamos en esto metidos. Vamos todos o no va nadie.
—Esta mañana llamé a Indira —reveló Sage a sus amigos— creo que es demasiado tarde para echarnos atrás.
—¿También estás pensando en volver al circo? ¿No escuchaste la amenaza que recibió, Terry? —preguntó Preston.
—Sí, pero no me importa. Hemos enfrentado cosas peores que dos cretinos fanfarrones.
—¿Te dijo algo Indira? —preguntó Daniel.
—Sí. Penelope es una señora que trabajaba en el circo. Se rumora que tenía un amorío con el señor Page, lo cual sabemos que es cierto, pero ella me dijo que la señora Penelope lleva desaparecida un tiempo.

Cuando ella entró a trabajar al circo la señora ya había desaparecido. Su hija se llama Leonora y trabaja como acróbata en el circo. Pensé en que deberíamos hablar con ella y mostrarle las cosas de su madre.

—Pienso que, quien dejó estas cosas en el río, sabe que le hicieron algo a la señora Penelope y tenía sus sospechas —sugirió Terry.
—Y no pudo seguir investigando —agregó Preston— por alguna razón u otra. Tal vez esa persona fue la que le comentó algo a Indira, quien vio el altercado en el que estuvo involucrado Freddy.
—No podremos saberlo si nos infiltramos, chicos. Tenemos que hacerlo —sugirió Daniel.

****

Los chicos llegaron al Circo Estelar alrededor de las cinco de la tarde, en ese 27 de junio de 2014. A pesar de no preocuparse demasiado por su apariencia para no llamar la atención, la suerte estaba de su lado esa noche, ya que el circo estaba repleto de visitantes, lo que les permitió camuflarse entre la multitud. Indira, estratégicamente ubicada cerca de una entrada poco vigilada, envió un mensaje a Sage indicándoles dónde encontrarla para ingresar sin ser detectados.

A pesar de los riesgos evidentes, decidieron seguir adelante con su plan. Indira los guió hacia uno de los remolques situados en una zona menos vigilada y les abrió la puerta. Al entrar, se encontraron con una joven de tez aperlada y cabello rizado, vestida con un traje metálico ajustado y una falda. Estaba visiblemente agobiada, con las manos juntas. Sage, Preston, Terry y Daniel se quedaron un tanto sorprendidos al verla. Indira cerró la puerta tras ellos y se acercó a la joven, que resultó ser Leonora, la hija de Penelope.

—Hola —saludó Sage.
—¿Tuvieron cuidado? —preguntó Leonora.
—No te preocupes por nosotros —respondió Preston.
—¡Me alegro! —dijo la joven, aliviada.

—Indira nos dijo que eras hija de una mujer llamada Penelope, de la que encontramos su diario.
—¿Encontraron su diario? ¿Cómo es eso posible? ¡Lo he buscado por semanas!

Sage le pasó el diario, cuya apariencia delataba su antigüedad. Leonora lo aceptó con gesto melancólico, soltando un suspiro que expresaba una profunda consternación.

—Es lo más preciado que tengo de mi madre. Ella siempre lo llamaba su “Baúl de los Secretos”. Muchas gracias.
—Indira nos comentó que tu madre lleva desaparecida un tiempo.
—Hoy se cumplen 12 semanas —Leonora sollozó— no he sabido nada de ella.
—¿Sabías que tu madre mantenía una relación con el Señor Page? —preguntó Preston.
—¿Qué? —Leonora lució sorprendida—. ¿Cómo es eso posible?
—Lo dice en su diario.
—Ella estaba enamorada de Leonard. Siempre me lo decía. Quería que los tres nos escapáramos. Leonard la amaba tanto que le hizo esa bella escultura.

—¿Tienes idea de quién pudo haber tenido el diario? —preguntó Terry.
—No se me ocurre nada.
—Zephyr —reveló Indira mientras se cubría la boca— a él le conté sobre el altercado y fue él quien me contó sobre cosas misteriosas sucediendo en este lugar. Por esa razón decidí llamar a Sage.
—¿El señor Zephyr? —preguntó Leonora.
—Sí, es muy metiche, pero sabe muchas cosas del circo.
—Sé que él tiene una buena relación con el señor Page, aunque tienen muchas diferencias. Es el empleado más antiguo del circo.

—Creemos que la persona que colocó estos objetos para que los descubriéramos, estaba al tanto de tres aspectos: nuestra identidad, la razón por la que estamos aquí y nuestra habilidad para resolver enigmas —expresó Sage, con seguridad.
En nuestra conversación, Zephyr mencionó algo como: "Ojalá hubiera alguien que pudiera descifrar lo que ha estado ocurriendo en este circo durante las últimas semanas". Fue eso lo que despertó mi inquietud y me llevó a ponerme en contacto contigo.
—Entonces ya había alguien más investigando —dijo Leonora.
—Pero ¿quién? —preguntó Sage.

****

La conversación entre las dos mujeres y el grupo de amigos llegó a su fin después de media hora. Sage y Daniel optaron por quedarse con Leonora para examinar el diario de Penelope, mientras que Terry y Preston, con capuchas cubriendo sus rostros, se dirigieron hacia el remolque de Freddy.

Ambos albergaban la sospecha de que Freddy podría estar al tanto de más cosas de las que revelaba y planeaban confrontarlo, incluso si eso implicaba recurrir a la magia. Al llegar al remolque, golpearon la puerta, pero no obtuvieron respuesta. Fue entonces cuando Terry notó algo extraño en la puerta: presentaba una abolladura, como si hubiera sido forzada o golpeada para abrirse.

—Mira. Parece que Freddy es cliente frecuente de los altercados —sugirió Terry.

Preston alzó la pierna y propinó una patada que abrió de par en par la puerta del remolque. Sin embargo, al adentrarse, descubrieron que Freddy no estaba y lo único que llamó su atención una gran hielera. Terry se acercó sigilosamente, mientras Preston cerraba la puerta con cuidado, asegurándose de que nadie los viera.

—Esto no estaba aquí antes ¿o sí? —preguntó Terry.
—Bueno, es un remolque algo grande, podríamos haberla pasado desapercibida.
Terry intentó levantar la tapa de la hielera, pero esta se mostraba resistente, dificultando su apertura.
—¿Puedes ayudarme a abrirla?
—¿Crees que sea necesario?
—¿Y si hay algo aquí que no hemos visto?

Preston ayudó a su amigo a alzar la tapa con cierto escepticismo. Aunque inicialmente planeaba explorar otras áreas del circo en busca de Freddy, guardó silencio cuando, junto a Terry, realizaron un descubrimiento verdaderamente aterrador.

—¡Oh por Dios! —Terry retrocedió, cubriéndose la boca.

Preston observó boquiabierto el contenido de la hielera. Aparentemente, acababan de conectarla. En el interior, yacía el cuerpo congelado de una mujer de cabello negro y tez blanca. Llevaba un vestido y presentaba evidentes contusiones en el rostro. Para aquellos dos jóvenes, la sorpresa y el horror ante semejante hallazgo eran inimaginables.

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