El Silencio de los Espejos

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Capítulo 5

Rompiendo el Reflejo

Alison continuó con la vista sobre el espejo, mientras una extraña sensación recorría su pecho. La aparición de la mujer en el espejo no solo era una advertencia, sino una súplica, una señal de que el momento de actuar estaba más cerca que nunca.

—Necesitamos encontrar el cristal negro —dijo Alison, sacando a todos de su ensimismamiento— si Evangeline lo usó para maldecir los espejos, estoy segura de que está conectado con la forma de contener la maldición.

—Aquí la pregunta es, ¿dónde está el cristal? —dijo Ryan.

La señora Mabel se mordió los labios, sopesando las reacciones de cada uno. Ryan se cruzó de brazos y la miró fijamente.

—¿Es consciente de la gravedad del asunto, señora Greenfield? —Ryan le dirigió una mirada acusatoria.

—Por supuesto.

—No parece, señora Mabel. Yo la respeto, he venido a su tienda por años, pero parece que usted sigue sabiendo cosas que no comparte con nosotros —sugirió Alison.

—¿Cómo supo que la madre de Alison es bruja? —preguntó Tyler.

—Es que todo lo que ese hombre me dijo son leyendas. Nunca pensé que fueran ciertas.

—No respondió a la pregunta de mi hermano.

La señora Mabel soltó una profunda respiración y finalmente habló.

—Conocí a su abuela, la mamá de la señora Teresa. Sabía de su historia y me dijo que eran descendientes de brujas. Además, fui maestra en la preparatoria Mullen durante el año 1986. Su madre Teresa venía de vez en cuando a mi tienda, cuando era joven, para comprar alguna antigüedad que le ayudara con sus hechizos. Yo solo creí que era una chica que solo jugaba. Nunca creí que fuera cierto.

—Usted sabe donde está el cristal ¿cierto? —Ryan se le acercó en modo amenazante.

—No sé exactamente dónde está, pero la leyenda dice que el cristal fue ocultado por alguien que intentó contener la maldición. Me parece que se llamaba Edmund, un hechicero de la misma familia que Evangeline. Después de que ella lanzó la maldición, comprendió el peligro y decidió sellar las energías oscuras dentro de los espejos.

Ryan se cruzó de brazos, considerando la historia.

—¿Entonces fue ese tal Edmund quien selló la maldición? —preguntó Alison.

—Es lo que sé. Como les digo, pensé que eran solo historias. El usó su propio poder, sacrificando parte de su alma, para crear un sello que contuviera la maldición. Mientras el cristal negro permaneciera separado de los espejos, la maldición era contenida. Lo que no sé es como se liberó.

—Las energías místicas del Umbral de Energías —dijo Ryan, mirando a Alison y Tyler.

—¿Las qué? —preguntó Mabel.

—Es complicado de explicar, pero sabemos lo que liberó la maldición para que los espejos volvieran a captar nuevas víctimas.

—¿Sabes qué pienso, Ryan? —Tyler se acercó a su hermano—. Que el temblor fue provocado también por el Umbral.

—Creo lo mismo que tú. Eso solo demuestra la magnitud de lo que podría suceder si alguna vez se libera.

—Y ahora que la maldición se está manifestando, absorberá a cualquiera que se acerque a los espejos —dijo Alison.

—¿Pero dónde está ese cristal? —preguntó Ryan, ansioso.

—Los Livingston vivieron en la ciudad hasta hace unas décadas —dijo Alison.

—¿Crees que aún exista su casa? —Tyler se sintió curioso.

La señora Mabel se movió inquieta, como si estuviera evaluando si decirles lo que sabía. Al final, con un suspiro, les soltó una respuesta.

—Tenían una casa grande, cerca del cementerio. Está abandonada. Nadie ha querido comprarla porque, según lo que me contaron, la casa está encantada. Según la leyenda, Edmund escondía las cosas donde pensaba que nadie las escontraría.

—¿Y si lo escondió en uno de los espejos? —teorizó Tyler.

—Por favor, síganme.

El aire se puso un poco más pesado cuando la señora Mabel los guió a una pequeña habitación detrás de la tienda, llena de viejas reliquias y artefactos que parecían haber sido olvidados por el tiempo. En la esquina más alejada se encontraba un baúl cubierto de polvo.

—Este baúl me lo dejó el hombre que me pidió conservar los espejos —dijo Mabel, abriendo lentamente la tapa— tal vez esto puede ayudarlos a encontrar el espejo original.

Ryan, Tyler y Alison cogieron los documentos que estaban en el interior del baúl. Encontraron un mapa antiguo y tres cartas. También había un cristal azul, pequeño. En un principio creyeron que se trataba del cristal negro, pero al notar su color, concluyeron que no era el buscado.

La señora Mabel lamentó los inconvenientes causados y se disculpó con los chicos. Incluso trató de devolverles el dinero que habían pagado por el espejo, pero Ryan no lo aceptó. Aunque estaba molesto porque la señora Mabel les ocultó cosas desde el principio, también entendía que su edad avanzada pudo influir en su decisión de deshacerse de ciertas cosas.

 

****

 

Esa tarde, en el Centro de Operaciones, Alison examinó cada una de las cartas encontradas en el baúl. Estaban escritas por el señor Edmund Livingston, donde hablaba sobre las constantes peleas y discusiones que Evangeline tenía con sus padres y hermanos. Ryan, Tyler y Warren buscaron en las redes sociales al tal Blake Andrews, que se apareció en la tienda de la señora Mabel durante los años ochenta. La información sobre los Livingston era abundante, pero había muchas teorías conspirativas acerca de ellos. Muchas de ellas los tachaban como una familia relacionada con lo sobrenatural. Ryan llegó a la conclusión de que los descendientes se quitaron el apellido para evitar el acoso público.

—El mapa nos muestra la ubicación de la casa Livingston y las cartas explican las razones por las que Evangeline hechizó los espejos. Edmund explica en las cartas que él decidió sellar la maldición, puesto que, como Evangeline había fallecido, su magia ya no era codiciada. La maldición fue lanzada para los miembros de su familia que la traicionaron —dijo Alison.

—Pero terminó saliéndose de control ¿no? —preguntó Ryan.

—Sí. No puedo creer que Edmund sacrificara su vida para sellar los espejos.

—Pues andando. Tenemos toda la tarde para encontrar el cristal —sugirió Ryan.

—Esperen —Millie tomó el cristal azul— ¿y si este cristal que encontramos dentro del baúl es parte del otro cristal? ¿Y si Edmund dejó todo esto con la intención de que alguien, en un futuro, rompiera la maldición?

—Tiene sentido para mí —admitió Warren.

—Es todo lo que necesitamos. Si hechizamos este cristal, podríamos encontrar el cristal negro y el espejo original y así rescatar a las personas que fueron abducidas.

 

****

 

El grupo se preparó rápidamente, sabiendo que no había tiempo que perder. Las abduciones podían seguir ocurriendo ya que no sabían cuantas personas entraron en contacto con los espejos y, cuando más tiempo pasara, era peor para todos. El viaje a la zona donde se encontraba la casa abandonada de los Livingston estuvo lleno de tensión. Estaba ubicada cerca de un bosque que compartía territorio con el bosque Nightwood. Los mullenos lo llamaban el Bosque Duskfall. El aire estaba denso y las sombras de los árboles parecían alargarse, como si el propio bosque les observara. Al llegar a las ruinas de la mansión Livingston, encontraron el lugar en silencio, pero cargado de una energía que les provocó una gran pesadez. Millie había hechizado una piedra de cuarzo, que le permitiría encontrar todo objeto que tuviera relación con el cristal azul hallado en el baúl. Era un hechizo que ella y su hermana Millie lanzaron años atrás para encontrar a Ryan, cuando este recién se mudó a la ciudad. Los tres hermanos Goth, Juliet y Alison siguieron a Millie cuando esta se aproximó a la entrada de la casa, cargando la piedra de cuarzo en la mano y a la vista de todos.

—No me gusta la sensación que me da esta casa —dijo Alison.

—Es mucho peor que la casa de Claire Deveraux —afirmó Ryan.

Se detuvieron por un momento contemplando la enormidad de la casa, que estaba muy despintada y con las paredes desgastadas por el tiempo de abandono. Entraron y permanecieron por un momento en el vestíbulo, donde el olor a guardado y viejo impregnaban el lugar. Se separaron por unos minutos para explorar el primer piso, mientras Millie esperaba que la piedra hechizada hiciera efecto. Al colocarse en una puerta que estaba ubicada en la cocina, el brillo de la piedra comenzó a aumentar.

—¡Chicos! ¡La piedra está brillando más!

Tyler y Warren encendieron las linternas que llevaban, ya que el lugar estaba completamente a oscuras. Ryan giró la chapa de la puerta y, al abrirla, un rechinido sonó en toda la cocina. Entraron uno por uno, descendiendo unas escaleras lentamente. Ryan materializó una esfera de fuego en su palma y de pronto el lugar quedó completamente iluminado. Acababan de encontrar una cámara subterránea, llena de espejos que parecían estar alineados, como si fuesen testigos de un ritual antiguo. En el centro de la cámara, enmarcado por un altar de piedra negra, había un espejo inusual. Millie se acercó con rapidez al ver que, desde el interior del marco del espejo, un cristal negro brillaba tenuamente.

—No puedo creerlo. Creo que tenía razón, miren —dijo Millie, con una sonrisa de satisfacción.

El cristal negro apenas se miraba. Era invisible si no se miraba de cercas.

—Así que es ese —dijo Alison, con un nudo en la garganta.

Ryan dio un paso adelante, pero una figura oscura emergió del espejo y Millie creyó reconocer de lo que se trataba. Era el guardián, una manifestación del encantamiento que Evangeline lanzó sobre los espejos. Tenía los ojos vacíos y una presencia que drenaba la vida misma del lugar. El ser avanzó lentamente hacia los chicos. Alison, sin vacilar, levantó las manos y comenzó a recitar un hechizo que ella y Millie habían preparado antes de llegar a la casa de los Livingston. El hechizo formó una barrera mágica que detuvo al guardián por un momento.

—¡Destruyan el espejo! —gritó Alison, mientras la barrera empezaba a temblar bajo la presión del guardián.

Tyler, sin pensarlo dos veces, golpeó el espejo con todas sus fuerzas. El cristal negro cayó al suelo, pero el espejo no se rompió, lo que confundió a las chicas. Fue entonces cuando Ryan entendió lo que sucedía.

—¡El cristal es la clave! —exclamó el joven, recogiendo el artefacto del suelo.

El cristal azul que Millie cargaba salió despedido de la mano de la chica y se unió al cristal negro. Ryan observó con asombro el fenómeno. Con los dos cristales en sus manos, el poder oscuro que rodeaba la habitación comenzó a palpitar. Ryan observó a sus amigos y, con un asentimiento de Alison, lanzó los dos cristales contra el espejo. Al impactar, ambos se rompieron en mil pedazos y el guardián se desvaneció en el aire, dejando un silencio profundo. La maldición había sido rota.

—No puedo creer que lo hicimos —dijo Ryan.

—Tenías razón, Millie —Warren estaba asombrado.

—Todo parece indicar que Edmund no tenía la magia suficiente para deshacer la maldición. Solo alguien con un poder tan grande podía hacerlo —dedujó Millie.

—Por eso dejó esas cartas, en las que explicaba las razones que llevaron a Evangeline a crear esos espejos. Cuando descubrió que su familia quería robar su magia, ella hechizó los espejos para volverlos locos y que, uno a uno, fuesen abducidos —agregó Juliet.

—Entonces, eso significa que los miembros de la familia que fueron abducidos y el señor que miraba el escaparate, han sido liberados ¿cierto? —sugirió Ryan.

—La pregunta es ¿dónde están esos miembros? —dijo Warren.

Los chicos decidieron salir de la cámara subterránea y se dirigieron a la sala de estar. Para su sorpresa, notaron la presencia de dos personas en el vestíbulo, mirando cada rincón de la casa como si trataran de reconocerla. Ryan, Tyler y Warren enmudecieron y miraron a las chicas, que estaban bastante sorprendidas.

—¿Qué sucede? —preguntó la mujer, que vestía unas ropas antiguas—. ¿Quienes son ustedes? ¿Qué hacen en nuestra casa?

Juliet se quedó absorta y compartió miramientos con sus amigos. Su reacción fue la misma que Alison y Millie.

—Estábamos explorando esta casa, señora —dijo Alison.

—¿Qué le sucedió a nuestra casa? —Preguntó el hombre—. ¿Por qué está diferente?

—Fue Evangeline —lamentó la mujer— seguro que ella nos hizo algo.

—¿Usted conoce a Evangeline? —preguntó Alison.

—Es mi hermana. ¿Dónde está? —la mujer cuestionó con el ceño fruncido.

—Tal vez quieran sentarse un momento para poder explicarles —dijo Millie.

El hombre y la mujer se miraron, confundidos. No tenían idea de lo que les había pasado ni de lo que sucedió con su casa. Los dos habían pasado más de un siglo encerrados en otro mundo que los chicos desconocían. Para ellos habían pasado minutos, tal vez segundos y no tenían idea de que su familiar, Evangeline, los había maldecido.

 

****

 

La mañana siguiente, Ryan, Tyler y Alison visitaron la tienda de la señora Mabel, quien seguía apenada por todos los problemas que los espejos habían causado. Ella comentó que, un día antes, un hombre entró a su tienda preguntando por uno de los espejos y minutos más tarde, dos mujeres más hicieron lo mismo. Los chicos dedujeron que se trataba de las personas que fueron abducidas por sus propios reflejos.

—¿Qué pasará con los otros espejos? —preguntó Mabel.

—Ahora que el cristal ha sido destruido, los espejos perderán su poder. Serán solo espejos comunes de nuevo —respondió Alison.

Mabel sonrió con cansancio y le pidió a los jóvenes mantenerse en contacto. Los tres salieron de la tienda de la señora Greenfield y se dirigieron a la cafetería La Piedra Lunar, donde Warren, Millie y Juliet les esperaban. Tomaron la mesa de la esquina que tanto le gustaba a Ryan y Tyler para hablar sobre lo sucedido.

—A ver. Pongamos las cartas sobre la mesa. Lo que pasó con los espejos fue una maldición que estaba contenida y que fue liberada por las energías místicas que el Umbral de Energías desató cuando los patrulleros de Darius abrieron el sello, ¿cierto? —dijo Ryan, en tratando de que sus amigos estuvieran en la misma sintonía que él.

—Todos estamos de acuerdo, Ryan —dijo Tyler.

—No sabemos que más pudo haber liberado —dijo Warren— pero también estoy seguro de que el temblor no fue un evento aislado. Eso solo demuestra que el poder del Umbral de Energías es sumamente poderoso y capaz de mover una ciudad entera.

—No hay otra cosa que podamos hacer más que estar al pendiente de lo que llegue a pasar más adelante —dijo Alison— si sucede, entonces tendríamos que estar preparados.

—Bien. Solo quería que todos estuviéramos de acuerdo. Lo que pasó con los espejos fue un caso leve a comparación de todas las amenazas que hemos enfrentado.

Todos asintieron y miraron el exterior, preocupados por lo que podría pasar más adelante en la universidad o tal vez en la ciudad. Los Protectores y la Vidente estuvieron tranquilos durante tres meses, en los que gozaron de una total normalidad y pudieron seguir con sus vidas. Sin embargo, como Ryan lo dijo, las energías místicas estaban atrayendo y liberando entidades malignas. No fue hasta el mes de mayo que un nuevo misterio sobrenatural comenzó a acechar la ciudad de Terrance Mullen.

 

****

 

La mañana del 11 de mayo, Harry Goth y su hijo Ryan arribaron al aeropuerto de Terrance Mullen, luego de que Warren y Tyler pasaran a dejarlos para después partir a la universidad. Ryan tenía algunos días libres y quería aprovecharlos para pasar tiempo con su padre. Harry Goth se había inscrito a unas conferencias para empresarios que tenían una duración de cuatro días en la ciudad de Chicago, en las que se presentarían algunos ponentes que eran autores de libros que había leído. Harry estaba contento de pasar tiempo con Ryan. Era una mañana tranquila en el aeropuerto, misma en la que una joven española de veinticuatro años hacía su llegada a Terrance Mullen. Tenía el cabello largo y castaño, era aperlada y con unos ojos azules preciosos. Llevaba una mochila en la espalda y un equipaje de mano, con el teléfono al oído mientras charlaba con otra persona al otro lado de la llamada.

—Claro, mamá, estoy tan contenta de estar en Terrance Mullen. Tengo toda una lista de cosas por hacer en la ciudad.

—Cariño, pero esa ciudad es peligrosa. Se han dicho muchas cosas en las noticias.

—Por eso yo no veo noticias mamá. Sabes que odio la televisión convencional.

—Las redes sociales dicen lo mismo, hija.

—Sí, lo sé mamá, pero nada me satisface más que visitar los abandonos y los lugares en los que existen leyendas urbanas. Voy a estar aquí y después tomaré el tren a una ciudad que se llama Sacret Fire.

—¿Qué clase de nombre es ese para una ciudad?

—Le dicen así por que significa “Ciudad del Fuego Sagrado y Secreto”, son dos palabras combinadas.

—Ay Dios. Bueno, Amelie. Llámame cuando te instales en el hotel.

—Voy a estar en el Hyperion, en el centro de Terrance Mullen. Sí, yo te llamo.

—Te quiero, hija.

—Adiós.

La joven Amelie colgó la llamada con su madre y guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón de mezclilla. Se puso unas gafas y se detuvo al contemplar el interior del aeropuerto. Ella se acercó rápidamente a dos personas que caminaban rumbo al área de documentación.

—¡Disculpe! ¡Disculpe! ¡Buenos días! —saludó la joven.

—¿Sí? —preguntó el hombre que resultó ser Harry Goth.

—Estoy buscando un lugar para comer aquí. Acabo de llegar a la ciudad y no conozco.

Harry miró a Ryan, con quien compartió algunos miramientos.

—A mi me gusta La Torre Wells, aunque puede probar el Vita Piccola. Es un restaurante italiano nuevo en la ciudad —dijo Harry.

—En la universidad de Terrance Mullen hay un restaurante. Se llama el Sol Naciente. Las hamburguesas están ricas —dijo Ryan.

—¡Qué amables!

—¿Está sola en Terrance Mullen?

—Sí.

—Le recomiendo descargar la aplicación Privver para moverse.

—Sí, la tengo. Muchas gracias.

Harry y Ryan continuaron su camino, luego de que aquella joven se dirigiera a la salida del aeropuerto, sumergida con sus pensamientos en los misterios sobrenaturales que acechaban en Terrance Mullen.

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