El Silencio de los Espejos
Capítulo 2
El Enigma del Espejo Antiguo
Ryan preparaba café la mañana del 19 de enero. Se había despertado a las cinco, inquieto por lo que había visto la noche anterior. Mientras giraba la cuchara en la prensa francesa, después de verter el agua caliente, no dejaba de pensar en el misterioso suceso de la noche anterior. Sirvió café en una taza y se sentó en el comedor, perdido en sus pensamientos. De pronto, escuchó unos pasos y volteó de golpe.
—¿Ryan? —Preguntó Warren, aún en pijama y con cara de sueño—. ¿Qué haces despierto tan temprano?
—No pude dormir bien anoche. Así que decidí empezar el día más temprano.
Warren, bostezando, se sentó frente a él y cruzó los brazos.
—¿Sucede algo?
—No es nada importante.
—Si te quita el sueño, debe serlo, ¿no?
—Es solo que, con todo lo que ha pasado en las últimas semanas, me está costando recuperar el ritmo y poder dormir a mis horas.
—Te entiendo. A mí me pasa igual —respondió Warren, mientras se frotaba los ojos—. Estoy buscando trabajo y este es mi último semestre. Las preocupaciones son parte de mi día a día y hay días en los que no puedo dormir.
—Un paso a la vez, ¿lo recuerdas?
—Sí, pero a veces es fácil olvidarlo. No es tan simple.
—Todo estará bien, Warren. Estoy seguro de que algo bueno está por venir.
—Me encanta tu optimismo.
Ryan tomó la mano de su hermano, a pesar de su falta de sueño quería transmitirle su optimismo. Warren asintió antes de levantarse, decidido a salir a hacer ejercicio. Ryan se quedó un rato más en el comedor, pensativo.
Una hora más tarde, subió a su habitación y tomó su mochila para dirigirse a la Universidad de Terrance Mullen. Ryan aprovechó la mañana para caminar hasta el campus, pero antes de entrar a sus clases, decidió pasar a la Piedra Lunar por un café. Ahí se encontró con su hermano Tyler, quién realizaba una tarea antes de comenzar su turno.
Tyler estaba apurado, tecleando en su computadora portátil. Tenía el uniforme puesto de la Piedra Lunar, que constaba de una playera negra y un pantalón café, y un termo de café a un lado para mantenerse despierto.
—Ayer olvidé que tenía que entregar un trabajo y no tendré tiempo más tarde para hacerlo.
—Suele pasar. ¿A qué hora inicia tu turno?
—A las nueve de la mañana. No te vi cuando salí de casa.
—Decidí caminar. No te preocupes.
—Warren dijo que estabas extraño.
—¿De verdad? Bueno, no quise decirle nada para no preocuparlo, pero tiene que ver con ese espejo.
Cuando dieron las ocho de la mañana, se les unió Alison Pleasant, la novia de Ryan, quien los saludó con una enorme sonrisa.
—Entonces ¿viste cómo tu reflejo se movía solo? —preguntó Tyler, asombrado.
—Sí, primero estaba inmóvil, y luego me sonrió. De locos ¿no? —respondió Ryan.
—La verdad sí.
—¿De qué hablan, chicos? —preguntó Alison, sentándose frente a ellos con un café en mano.
—Fuimos a una tienda de antigüedades que no conocíamos, está en la avenida Northdale —explicó Tyler.
—¿La Cámara de los Greenfield? —preguntó Alison.
—Ni siquiera vimos el nombre. Nos metimos por simple curiosidad —respondió Ryan.
—Bueno, yo jamás la había visto. Pensé que era nueva.
—Mi mamá nos llevaba a Millie y a mí a ese lugar, cuando éramos pequeñas. Es una tienda muy interesante.
—Podría ser la competencia de mi mamá —opinó Ryan.
—Ay no. Para nada —dijo Alison— el negocio de la señora Greenfield tiene muchos años establecido y consolidado. Tiene su propio público. La tienda de tu madre es más contemporánea y podríamos decir que un mercado distinto.
—La cuestión es que Ryan y yo vimos un espejo muy raro en ese lugar. Nos dio sensaciones raras. Creo que deberíamos investigarlo, no creo que lo que Ryan vio sea normal.
—¿Qué viste exactamente, Ryan? —Alison se cruzó de brazos, intrigada.
—Anoche estaba mirándome en el espejo de mi habitación. De pronto, no seguía mis movimientos y me sonrió.
—¿Qué? —Alison sonó asombrada.
—Tal como lo escuchas.
—Eso es aterrador.
—Da miedo ¿cierto? —inquirió Tyler.
—Y ¿todo comenzó después de ver ese espejo en la tienda?
—Sí. ¿Creen que tenga que ver con el temblor de ayer? —preguntó Ryan.
—No lo creo, pero es mejor no descartar nada. Puedo hacer un hechizo para saber si el espejo está encantado. Solo debo acercarme a él y tocarlo.
Tyler y Ryan se miraron sorprendidos de que Alison fuera demasiado rápida en sugerir un plan, así que no dudaron de sus talentos y decidieron hacer una visita obligada a la Cámara de los Greenfield.
****
Eran las dos de la tarde cuando Ryan, Tyler y Alison llegaron a la Cámara de los Greenfield, después de que sus clases finalizaran y que Tyler acabara su turno en la Piedra Lunar. Alison entró con curiosidad, recorriendo la tienda visualmente y observando las antigüedades. El sonido de la puerta alertó a la señora Greenfield, que emergió detrás de un mostrador. Ryan y Tyler se asustaron cuando la vieron.
—Hola, señora Greenfield —saludó Alison.
—Bienvenida, querida. ¿En qué puedo ayudarles?
—¿Me recuerda? Soy la hija de…
—Teresa Pleasant —sonrió la señora— como no olvidar a tu mamá. Es una bruja encantadora.
Alison tragó saliva y después miró a sus amigos. No tenía idea de que aquella mujer conociera el secreto de su madre. Ella no quiso entrar en detalles así que fue al grano.
—Mis amigos estuvieron aquí ayer y me comentaron que vieron un espejo que los dejó intrigados. Me gustaría saber si puedo verlo y si nos puede contar un poco sobre él.
—Oh, se refieren al espejo antiguo. Síganme —la señora avanzó y los tres chicos le siguieron, mientras ella continuaba hablando— tiene más de doscientos años. Forma parte de una colección de una familia noble que vivió en esta ciudad, cuando era solo un pueblo y tenía otro nombre. La familia Livinsgton.
—¿Los Livingston? —preguntó Ryan.
—Son primos lejanos de los Deveraux. Se rumoraba que eran hechiceros —respondió la señora Greenfield.
—Interesante —dijo Tyler.
—Se dice que esos espejos podían atrapar el alma de quienes los usaban demasiado. Pero claro, son solo leyendas, queridos —añadió Mabel, con una sonrisa.
—¿Podemos verlo otra vez? —preguntó Ryan.
—Por supuesto, las veces que quieran. Incluso pueden comprarlo.
—¿Cuál es el precio? —preguntó Tyler.
—Dos mil dólares.
Los tres amigos compartieron miramientos, un poco inquietos al escuchar el precio de aquella valiosa antigüedad. Los tres se acercaron al espejo, Alison lo examinó, entonando unas palabras en voz baja y tocando la superficie del espejo.
—¿Qué haces, querida? —preguntó Mabel.
—A ella le encanta tararear cosas. Así es como muestra su emoción —dijo Tyler.
Alison abrió los ojos y luego miró a sus amigos. Para desviar las sospechas de la señora, Alison sonrió y empezó a jugar son su reflejo, que respondía a la perfección. Ryan y Tyler hicieron lo mismo.
—Tal vez fue mi imaginación —sugirió Ryan.
—No, Ryan. No lo fue.
La señora Greenfield, con las manos cruzadas, vigiló a los tres jóvenes que, aunque le parecían encantadores, mostraban un extraño interés en aquel espejo por lo que no quiso descuidarlos en ningún momento.
—La verdad es muy bonito. Volveremos después si estamos interesados en comprarlo —dijo Alison.
—Aquí estaré.
****
Esa tarde, en el Centro de Operaciones, Alison investigó a los Livingston en Internet y descubrió que vivieron en Terrance Mullen hasta los años cuarenta y que su linaje se remontaba a los inicios del siglo 19, lo que coincidía con la explicación de la señora Greenfield. Uno de los datos que la joven encontró bastante intrigante fue que la colección de espejos había sido “inhibida”.
—¿Inhibida? —preguntó Ryan, mirando el computador de Alison.
—La historia que mencionó la señora Greenfield podría ser cierta. Los espejos absorbían el alma de quienes lo usaban mucho. Quizás fueron maldecidos y alguien de esa familia logró contener ese poder.
—Pero ustedes lo vieron, nada pasó mientras estábamos en la tienda y frente a ese espejo —dijo Ryan.
—Pero pasó en tu habitación, ¿no? —Le recordó Tyler—. Tu reflejo se movió y te sonrió sin que tú lo hicieras.
—Sí, eso es lo que precisamente me inquieta.
—Lo que podría significar una cosa —sugirió Alison— los espejos volvieron a estar malditos, por alguna extraña razón.
Los tres meditaron por unos segundos las informaciones encontradas por Alison y luego compartieron una mirada de asombro entre ellos.
—¿Están pensando lo que yo? —preguntó Tyler.
—No lo creo —Alison respondió, un poco incrédula— ¿será posible?
—Que las energías liberadas por el Umbral de Energías hayan liberado la posible maldición de esos espejos. Es una teoría que yo no descartaría, aunque también está el temblor.
—Fue un poco extraño ¿no? —dijo Alison.
—Sí, según los chicos de la cafetería jamás había temblado en Terrance Mullen. ¿Es eso cierto, Alison? —preguntó Tyler.
—Bueno, pues considerando que nací en 1995 y, desde que tengo uso de razón, jamás había pasado. Pero yo creo que, si ha temblado en lugares en los que jamás tembló alrededor del mundo, tal vez a Terrance Mullen le tenía que tocar, tarde o temprano —afirmó la joven.
—Bien. Entonces ¿qué hacemos con lo del espejo? ¿Y si vuelve a suceder? —preguntó Ryan.
—Esta noche tengo una cena con mi mamá, Juliet y Millie. Puedo preguntarle sobre alguna solución específica. Es claro que, si queremos solucionarlo, tendríamos que comprar ese espejo, pero yo no tengo dos mil dólares.
—Ya solucionaremos eso —dijo Tyler— primero lo primero.
****
Alrededor de las ocho de la noche, Alison llegó a la casa en la que había vivido durante mucho tiempo junto a su madre y hermana, en compañía de Juliet. Alison llevaba más de un año viviendo en la universidad, lugar al que se mudó después de descubrir secretos familiares que pusieron en riesgo su relación con su madre, pero que después pudieron resolver. La señora Teresa Pleasant estaba en la cocina con Millie Pleasant, la hermana de Alison, preparando la cena para poder servirla y atender a sus invitadas. Teresa estaba emocionada de recibirlas, especialmente a Juliet, de quien sabía estaba enemistada con su madre, puesto que la señora Margaret Sullivan no aceptaba que Juliet fuese una Protectora. Teresa lamentaba la situación y cuidaba de la joven como si fuera su propia hija ya que vivía con Alison. Mientras las chicas pasaban el rato en la sala de estar, Alison notó algo perturbador en uno de los espejos de la casa. Por un momento, el reflejo mostró una versión antigua de la habitación, con muebles de otra época.
—Juliet, mira eso —dijo Alison, señalando el espejo.
—¿Qué pasa?
—¿Puedes ver eso? El reflejo se ve… antiguo.
—¿De qué hablas? Yo no veo nada.
—Mira la habitación desde el espejo. Se ve como si fuera de otra época.
Juliet frunció el ceño y miró a su amiga. Ella no vio absolutamente nada fuera de lo normal. Millie y Teresa se giraron al escuchar la alterada voz de Alison. Cuando ella volvió a mirar el espejo, la sala había vuelto a la normalidad, pero, por un segundo, creyó ver una figura oscura parpadeando en el fondo. Desconcertada, decidió llamar a Ryan y Tyler para contarles lo sucedido. Algo extraño estaba sucediendo con los espejos.
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