El Silencio de los Espejos

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Capítulo 1

El Reflejo Distorsionado

La mañana del 18 de enero, Ryan se encontraba en la cafetería La Piedra Lunar, observando la pantalla de su ordenador. Dio un sorbo a su café y comenzó a teclear, con los ojos azules abiertos de par en par. A pesar de que tenía clases atrasadas, ese día no sentía prisas. Parecía ser otro día más, tranquilo y libre de ajetreos.

Después de unos minutos, Ryan paró de trabajar y desvió la mirada hacia uno de los ventanales, observando a los estudiantes que llegaban a la universidad. Dentro de sí mismo, tenía una sensación de insatisfacción.

—Que gusto verte por aquí, hermanito —dijo una voz familiar.

Ryan giró la cabeza y vio a su hermano, Tyler, sonriendo mientras se sentaba frente a él.

—El día está bastante agradable ¿no? Hace fresco.

—¿Tienes mucho trabajo? —preguntó Ryan.

—El trabajo es lento a esta hora. Apenas están llegando todos a sus clases.

—Al paso que nosotros vamos seremos la clase del 2020.

—Ni lo menciones. Al paso que voy nos graduaremos juntos —respondió Tyler, con una sonrisa.

—Lo importante es terminar ¿no? A como dé lugar.

—Sí. Podremos tener algo seguro en el mundo de los humanos.

—Exacto. Me alegra por Warren, en unos meses dejará este lugar.

—Han sido meses duros, Ryan. Pero creo que por fin podemos respirar un poco de paz, después de todo lo que pasó.

—Totalmente.

Tyler se recargó en su asiento mientras Ryan dirigía su atención nuevamente a la computadora. Los hermanos pasaban por una montaña rusa de emociones. El regreso a sus actividades y la muerte de uno de sus amigos. Todavía procesaban el duelo. Unas semanas atrás, su amigo Milton se sacrificó para salvarlos al traicionar a sus propios hermanos, Darius y Julius. De vez en cuando, su nombre volvía en medio del silencio.

—Todos los días pienso en él. En como dedicó su vida al servicio de nuestro propósito y como se las ingenió para buscarme mientras estaba en las Regiones Mágicas.

—No lo conocí mucho, pero era una buena persona.

—Es una sensación extraña. Un día está aquí y después ya no.

—No puedo imaginarme como debe sentirse Millie.

—¿Has hablado con ella?

—La verdad es que no. Le he dado su espacio. No quiero ser imprudente.

—Entiendo. Alison dice que no sale del Comando Central.

—Al menos se concentra en investigar. Es que hay demasiados libros con conocimientos ancestrales en ese lugar. Deberíamos darnos una oportunidad de pasar un tiempo ahí.

—Pienso lo mismo.

Tyler le lanzó una mirada curiosa a Ryan, pero antes de que pudiera responder, el suelo bajo sus pies comenzó a moverse. Tyler se levantó de golpe, mientras las mesas alrededor vibraban.

—¿Está temblando? —Ryan se aferró a una silla.

—Parece que sí —respondió Tyler.

Los empleados de la cafetería y compañeros de Tyler salieron de la barra mientras los objetos temblaban en sus estantes. Algunos se cayeron y una chica se alarmó. En cuestión de segundos, todo se detuvo. Había dejado de temblar y Ryan intercambió una mirada de asombro con su hermano.

—¿Alguna vez ha temblado en Terrance Mullen? —preguntó Ryan, aún sorprendido.

—Ni idea —Tyler se giró hacia sus compañeros— chicos, ¿alguien recuerda un temblor en la ciudad?

Los tres empleados, que no debían pasar de los veinticinco años, negaron con la cabeza.

—Es muy extraño —dijo Tyler, aún desconcertado.

—Demasiado —añadió Ryan.

Ryan sacó su teléfono móvil y llamó a sus padres, quienes también habían sentido el temblor en casa y, según otros conocidos del matrimonio Goth, no hubo pérdidas que lamentar. Tranquilizó a Tyler con la noticia, mientras él sintonizaba el canal Mullen 63, donde un reportero hablaba del temblor que acababa de sacudir la ciudad.

—Y decías que era un día tranquilo ¿no? —sonrió Tyler.

—Supuestamente, pero bueno. Parece que hasta en las ciudades más tranquilas ocurren cosas inesperadas.

—Volveré al trabajo y te dejaré con tu tarea. ¿Nos vemos en casa más tarde?

—Espera —Ryan lo detuvo— ¿te gustaría ir al museo esta tarde?

—¿Al museo? —Tyler se cruzó de brazos—. No hemos ido en…

—Años, lo sé. Han sido casi cinco años de una vida muy loca.

—Y qué lo digas. Apenas tenemos descanso. Pero ¿a qué viene esto?

—A los dos nos gusta el arte, así que pensé… ¿por qué no pasar un tiempo haciendo otras cosas?

—Ryan ¿estás bien?

—Sí —asintió Ryan, con una sonrisa— es solo que… desde lo de Milton y como las cosas se pusieron, pienso que podríamos hacer algo diferente.

—Te entiendo. Me parece que la última vez que visitamos ese lugar fue el día en el que te convertiste en Protector.

—Ya pasaron años.

—Acepto. Te buscaré cuando termine mi turno.

Las clases en la universidad transcurrieron normales para Ryan, quien por fuera se mostraba con una jovial sonrisa y una gran determinación, pero por dentro tenía una gran sensación de insatisfacción que no lo dejaba ni en sol ni sombra. Ryan tenía este sentimiento desde que volvió de las Regiones Mágicas Unidas, meses atrás, como si aquel viaje le hubiese cambiado la vida.

La vida en la universidad le parecía monótona y vacía. Cuando su última clase finalizó en el Aula Máxima, se despidió de algunos compañeros, que no dejaban de hablar sobre el temblor ocurrido esa mañana. Según lo que Ryan escuchó, Terrance Mullen no había temblado en más de cien años. Se reunió con Tyler en la Piedra Lunar, quince minutos más tarde, y juntos partieron hacia la Avenida Northdale, donde se encontraba el museo que querían visitar.

Estacionaron a una cuadra del museo y, mientras caminaban, el escaparate de un negocio captó la atención de ambos. Era una tienda de antigüedades que no habían visto antes.

—Este lugar es nuevo ¿no? —comentó Ryan.

—¿Quieres entrar?

—Parece interesante.

—Si mamá te oyera decir eso, seguro se pondría histérica.

—Vamos.

Ryan y Tyler ingresaron al lugar, que tenía una gran variedad de objetos polvorientos y antiguos distribuidos por todas partes. El ambiente estaba impregnado con aroma antiguo, lo que les transmitía una sensación de conexión hacia un pasado desconocido. Al fondo, Ryan notó algo que llamó su atención. Era un espejo, grande y con un marco decorado en símbolos que no pudo reconocer. Ryan miró su reflejo y movió las manos. Frunció el ceño, inquieto. Sentía que sus movimientos no eran exactamente los mismos que los de su reflejo.

—Es interesante ¿no? —dijo una voz a sus espaldas.

Ryan se dio la vuelta y vio a una anciana de aspecto elegante, con las manos juntas y el rostro bastante arrugado. Debía tener más de ochenta años.

—Sí —respondió Ryan.

—Es parte de una colección antigua —comentó la mujer.

—Es hermoso.

Ryan lo observó más de cerca, pero no encontró nada inusual. Quizás lo que percibió antes había sido parte de su imaginación. Tyler se le acercó, preguntando si había visto algo interesante. Ryan negó con la cabeza, mientras la anciana los vigilaba atentamente. Tras unos minutos, decidieron salir y dirigirse al museo, donde pasaron el resto de la tarde.

Al llegar a casa, Tyler se dirigió al Centro de Operaciones, que él, sus hermanos y amigos utilizaban para sus investigaciones como Protectores, mientras Ryan subió a su habitación para cambiarse de ropa. Al desvestirse frente al espejo, un escalofrío lo recorrió. Su reflejo no imitaba sus movimientos. Ryan se quedó quieto, observándolo con detenimiento, hasta que su propio reflejo le devolvió una sonrisa.

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