Historias del Círculo Protector
Antes del Despertar
Ryan Goth cerró de golpe el pesado libro que tenía frente a él. El sonido retumbó por todo el Centro de Operaciones, donde una montaña de pergaminos, mapas y antiguos registros cubría la mesa principal. Llevaban semanas revisando documentos del Magisterio Protector, comparando relatos de distintas épocas y buscando cualquier referencia que pudiera explicar la reciente información recibida. Sin embargo, todos los caminos terminaban igual: preguntas sin respuesta. Warren dejó una carpeta sobre la mesa con evidente frustración.
—Nada —dijo, frotándose los ojos— otra vez.
Tyler soltó un largo suspiro mientras bajaba las escaleras cargando tres enormes volúmenes redactados por los Reyes Mágicos. Los dejó caer sobre la mesa con un golpe seco.
—Si tengo que leer otro manuscrito escrito hace mil años, voy a empezar a odiar la historia.
—Pensé que ya la odiabas —comentó Juliet desde uno de los sillones.
—Ahora tengo más argumentos para odiarla.
Millie soltó una risa, aunque fue breve. Permanecía sentada en una esquina, revisando unas fotografías antiguas que Albert les había conseguido aquella mañana. Ninguna aportaba información útil o le provocaba alguna visión. Alison, por su parte, estaba con la mirada en su teléfono.No había participado demasiado durante toda la reunión. Permanecía con los brazos cruzados, contemplando algunos mensajes. Escuchaba la conversación, pero parecía estar muy lejos de allí. Albert Bright cerró el último libro que revisaba.
—Creo que hemos terminado por hoy.
Ryan levantó la vista.
—¿Eso significa que seguimos sin respuestas?
Albert tardó unos segundos en contestar.
—Significa que seguimos teniendo las mismas preguntas.
El silencio que siguió resultó más pesado que cualquier mala noticia. Hacía semanas que el Magisterio Protector les había pedido revisar antiguos registros relacionados con la revelación del sexto Protector. Pero cuanto más investigaban, más confusa se volvía toda la información.
—Empiezo a pensar que estamos persiguiendo un fantasma —murmuró Warren.
—O una leyenda mal interpretada —añadió Juliet.
Albert negó lentamente con la cabeza.
—No lo creo.
Todos dirigieron la mirada hacia él.
—Si el Magisterio nos pidió revisar esta información es porque encontraron algo que consideran importante. El problema es que todavía no sabemos qué significa.
Ryan dejó escapar un profundo suspiro. Sentía los hombros pesados. No recordaba la última vez que todos se habían reunido sin que existiera una amenaza de por medio. Durante años habían vivido entre batallas, investigaciones y pérdidas. Apenas terminaban un conflicto cuando otro aparecía. Entonces miró alrededor. Warren tenía marcadas ojeras, Tyler se masajeaba el cuello después de pasar horas leyendo, Millie había dejado de tomar notas hacía bastante tiempo, Juliet observaba el techo con evidente aburrimiento y Alison seguía mirando su teléfono. Ryan comprendió entonces que ninguno estaba realmente concentrado ya. Solo estaban cansados. Así que se puso de pie.
—Llevamos semanas buscando respuestas que nadie tiene.
Todos levantaron la vista.
—Si seguimos obsesionándonos con esto, vamos a volvernos locos.
Tyler dejó escapar una pequeña risa.
—Por fin alguien lo dijo.
Ryan sonrió apenas.
—Vayamos al lago Woodlake este fin de semana. Solo un par de días.
Juliet arqueó una ceja.
—¿Vacaciones?
—Es como un descanso.
Ryan apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Después regresaremos y seguiremos investigando. Pero ahora mismo ninguno de nosotros está pensando con claridad.
Millie fue la primera en sonreír.
—Hace años que no hacemos algo juntos sin terminar peleando contra un demonio.
—O huyendo de uno —añadió Tyler.
Warren asintió lentamente.
—La verdad... creo que nos vendría bien.
Ryan dirigió la mirada hacia Alison. Ella permaneció inmóvil unos segundos. Luego desvió la vista hacia su teléfono.
—Supongo que un fin de semana no cambiará nada.
—Tal vez no —respondió Ryan— pero quizá nos recuerde por qué hacemos todo esto.
Alison levantó la mirada y asintió lentamente.
—Está bien.
Albert dibujó una sonrisa discreta.
—Me parece una buena decisión. Si el Magisterio descubre algo nuevo, yo me comunicaré con ustedes de inmediato. Hasta entonces, disfruten del descanso.
Tyler levantó ambas manos con entusiasmo.
—Perfecto. Entonces declaro oficialmente inauguradas las primeras vacaciones del Círculo Protector... en muchos años.
—Todavía ni siquiera hemos decidido quién va a cocinar —dijo Juliet.
—¿Insinúas que no confías en mí? —preguntó Tyler.
—Insinúo que valoro mi vida.
Las risas rompieron por primera vez la tensión que había dominado la sala durante semanas. Ryan volvió a tomar asiento y sacó su teléfono móvil. Abrió la conversación del grupo. Sus dedos permanecieron inmóviles sobre la pantalla. Ahora que la idea había sido aceptada, escribir la invitación le parecía extrañamente difícil. No estaba enfrentando a un demonio, ni resolviendo un acertijo antiguo, ni tratando de descifrar un mensaje de los Supremos. Era solo una invitación. Una simple invitación para pasar un fin de semana lejos de Terrance Mullen. Y, aun así, le parecía más difícil que muchas de las batallas que había librado.
****
La mañana del sábado 2 de septiembre de 2017, el grupo partió hacia la cabaña en dos autos. Warren condujo el primero, con Millie de copiloto y Juliet en el asiento trasero, hablando sin parar sobre lo poco confiable que le parecía cualquier lugar sin señal telefónica. Tyler manejó el segundo, mientras Ryan iba junto a él y Alison permanecía atrás, observando por la ventana. El camino los sacó poco a poco de la ciudad, atravesando zonas boscosas y pequeñas carreteras rodeadas de pinos. El aire se volvió más limpio y frío, con ese aroma a tierra húmeda que anunciaba la cercanía del lago.
—No puedo creer que hayas convencido a todos —dijo Tyler, sin apartar la vista del camino.
—Yo tampoco —admitió Ryan.
—Especialmente a Alison.
Ryan miró de reojo hacia el retrovisor. Alison tenía la cabeza apoyada en el cristal. El sol le iluminaba parte del rostro, pero su expresión era lejana.
—Necesitaba salir —dijo Ryan.
—¿Ella o tú?
Ryan no respondió de inmediato.
—Todos.
Tyler no insistió.
La cabaña apareció después de una curva estrecha, al borde de un lago amplio y silencioso. Era de madera oscura, con un pequeño porche frontal, ventanas grandes y un techo inclinado cubierto de hojas secas. No era lujosa, pero tenía cierto encanto. Parecía el tipo de lugar que había sobrevivido a tormentas, inviernos y, por si fuera poco, algunos cataclismos mágicos. Millie bajó del auto antes que nadie y alzó su cámara.
—Necesito una foto de esto.
—Ni siquiera hemos descargado las maletas —dijo Warren.
—Precisamente. Todavía no hemos arruinado el paisaje.
Juliet bajó del otro auto y estiró los brazos.
—Si algo sale del lago, yo no pienso pelear. Lo digo desde ahora.
—No va a salir nada del lago —respondió Ryan.
—Eso dijiste muchas veces antes de que salieran cosas de otros lugares.
Tyler abrió la cajuela.
—Por una vez, estoy de acuerdo con Juliet.
Ryan sonrió, pero su mirada se fue hacia Alison. Ella había bajado del auto y permanecía a unos pasos del camino, mirando el agua. El lago estaba quieto, brillante bajo la luz del mediodía. Alison no parecía triste exactamente. Parecía ausente. Como si estuviera allí porque su cuerpo había aceptado venir, pero sus pensamientos se hubieran quedado en Terrance Mullen, o quizá mucho más lejos.
Millie se acercó a ella con suavidad.
—Está bonito, ¿no?
Alison tardó un segundo en contestar.
—Sí. Muy bonito. Como cada vez que he venido a encontrar un poco de tranquilidad.
Millie intentó sonreírle, pero Alison volvió la mirada al lago.
****
Durante las primeras horas, el viaje pareció cumplir su propósito. Tyler tomó posesión de la cocina con una seriedad exagerada, declarando que nadie podía tocar sus ingredientes sin autorización. Juliet se burló de él hasta que la obligó a pelar papas. Warren revisó la chimenea, las ventanas y las cerraduras con el pretexto de ser responsable, aunque todos sabían que era incapaz de llegar a un lugar nuevo sin inspeccionarlo. Millie tomó fotografías de cada rincón. Ryan, por primera vez en mucho tiempo, se permitió no dirigir nada. No había estrategia, amenaza y ni siquiera una urgencia.
Alison ayudó a acomodar algunas cosas, respondió cuando le hablaban y sonrió en un par de ocasiones. Pero siempre terminaba apartándose. A veces en el porche. A veces cerca del muelle. A veces junto a una ventana, con una taza entre las manos que apenas bebía. Ryan intentó acercarse varias veces, pero algo en su postura lo detenía. No lo rechazaba. Simplemente mantenía una distancia silenciosa que no quería ser invadida.
Al caer la tarde, prepararon una comida sencilla que, contra todo pronóstico, no resultó desastrosa. Tyler recibió aplausos exagerados por unas hamburguesas que él llamó “la mejor contribución humana después del fuego”.
—Técnicamente, Ryan controla el fuego —dijo Warren.
—Pero no sabe condimentar —respondió Tyler.
Ryan le lanzó una servilleta.
La risa se extendió por la mesa del porche. Incluso Alison sonrió. Fue una sonrisa pequeña, casi distraída, pero real. Ryan la notó y sintió una especie de alivio breve.
Después de comer, caminaron hacia el lago. Millie insistió en tomar una fotografía grupal antes de que anocheciera. Colocó la cámara sobre una roca, ajustó el temporizador y corrió hacia ellos, tropezando casi al llegar. Tyler se rio tan fuerte que salió en la foto con los ojos cerrados. Juliet amenazó con destruir la cámara si Millie no borraba cualquier imagen donde ella se viera “como fugitiva”. Warren aseguró que nadie podía verse bien después de un viaje en carretera, aunque fuera poco tiempo. Ryan solo miró la pantalla de la cámara y se quedó con la sensación de estar viendo algo que no sabía cuánto duraría.
Alison aparecía al extremo del grupo. No estaba separada por completo, pero sí lo suficiente para notarse. Sonreía apenas. Sus ojos, en cambio, miraban hacia otro punto.
Cuando el sol comenzó a hundirse detrás de los árboles, encendieron una fogata cerca de la cabaña. El cielo se tiñó de naranja y violeta. El lago reflejó los últimos tonos del día como si guardara un secreto bajo su superficie. Durante un rato, nadie habló de magia. Hablaron de la universidad, del trabajo de Warren, de los clientes insoportables de Tyler, de una profesora que Millie no soportaba y de una vieja anécdota en la que Juliet había fingido estar enferma para no asistir a una reunión familiar.
La normalidad les quedaba extraña, pero también les hacía bien.
—¿Saben qué es lo más raro? —Preguntó Millie, abrazando sus rodillas mientras miraba el fuego—. Que no estemos huyendo de nada.
—Todavía —dijo Juliet.
Warren le lanzó una mirada.
—No arruines el momento.
—Solo soy realista, amor.
—Eres pesimista con buena ropa —dijo Tyler.
Juliet sonrió con orgullo.
—Gracias.
Ryan tomó una rama seca y movió un poco las brasas. Las chispas subieron hacia la oscuridad naciente.
—A veces pienso que no sabemos ser normales —dijo Ryan.
—Yo sí sé —dijo Tyler.
Juliet arqueó una ceja.
—Tú le hablas a la cafetera cuando no funciona.
—Eso es comunicación técnica, Juliet.
Millie soltó una carcajada. Ryan también. Alison permaneció callada, sentada un poco detrás de ellos, con las manos alrededor de una taza caliente. El fuego le iluminaba el rostro por momentos, revelando una expresión serena pero distante.
—¿Y tú, Alison? —preguntó Ryan, mirándola fijamente.
Ella levantó la mirada, como si acabara de regresar de muy lejos.
—¿Yo qué?
—¿Crees que sabemos ser normales?
Alison tardó en contestar. Miró a los demás, luego al lago, que apenas podía verse entre los árboles.
—No lo sé —dijo ella— creo que algunos están intentando mejor que otros. Es solo una idea.
Nadie supo muy bien qué responder. Tyler carraspeó.
—Bueno, eso fue profundo para una noche con malvaviscos.
Alison sonrió ligeramente.
—Lo siento.
—No, no te disculpes —dijo Millie con suavidad— está bien.
Pero Alison volvió a mirar su taza.
La fogata continuó ardiendo mientras la noche terminaba de caer sobre ellos. Ryan no dijo nada más, pero la respuesta de Alison se le quedó dando vueltas en la cabeza. Algunos estaban intentando mejor que otros. Tal vez ese era el problema. Todos querían creer que habían salido completos de las últimas batallas, pero quizá solo habían aprendido a caminar con las grietas bien escondidas. Y Alison, por alguna razón, ya no quería esconderlas. O tal vez estaba demasiado cansada para intentarlo.
****
La noche avanzó sin prisa, envolviendo la cabaña con un silencio que no se parecía al de Terrance Mullen. Allí no había autos, voces lejanas ni luces de edificios. Solo el crujido de la madera, el murmullo del lago y la respiración tranquila del bosque. Poco a poco, las bromas se fueron apagando. Millie fue la primera en bostezar, aunque intentó disimularlo detrás de su taza. Warren se levantó para revisar que la fogata estuviera controlada y Juliet lo acompañó. Tyler cargó los platos hacia la cocina, murmurando que nadie valoraba lo suficiente su talento culinario. Ryan permaneció unos minutos más afuera, sentado frente a las brasas, mientras Alison seguía en el mismo lugar, mirando hacia la oscuridad.
—No tienes que quedarte aquí si tienes frío —dijo Ryan.
Alison parpadeó, como si la voz lo hubiera interrumpido todo.
—No tengo frío.
—Estás muy callada.
Ella lo miró apenas.
—Siempre dicen eso cuando alguien no sabe qué preguntar. Simplemente estoy tratando de estar tranquila.
Ryan aceptó el golpe con una sonrisa pequeña.
—Tal vez.
Alison bajó la mirada hacia sus manos. La luz débil del fuego le daba un tono cálido al rostro, pero no alcanzaba a esconder aquella lejanía que parecía acompañarla desde hacía meses.
—Estoy bien, Ryan.
—No te pregunté eso.
—Pero ibas a hacerlo.
Ryan no lo negó. Se quedó mirando las brasas hasta que una chispa subió y desapareció en el aire.
—Solo quería que este viaje nos ayudara un poco.
Alison respiró profundo. Durante varios segundos no respondió. Luego giró la vista hacia la cabaña, donde las voces de Tyler y Juliet discutían por algo absurdo en la cocina.
—Sí, ayuda un poco, aunque no de la manera que todos esperan.
—¿Qué significa eso?
—Que estar con ustedes me hace sentir menos sola, pero también me recuerda lo diferente que me siento.
Ryan la observó con cuidado. Alison no parecía a punto de llorar ni de quebrarse. Su voz era demasiado tranquila. Nunca la había visto así.
—No tienes que fingir con nosotros.
Ella sonrió sin alegría.
—Eso es lo curioso. Creo que ya ni siquiera sé cuándo estoy fingiendo.
Antes de que Ryan pudiera responder, Millie apareció en la puerta del porche.
—¿Van a entrar? Juliet y Tyler están a punto de pelearse y Warren anda que ya no los aguanta.
—Esta se quiere apoderar de la cocina —dijo Tyler.
—Cocino mejor que tú, tonto. Pregúntale a Warren.
Alison soltó una risa breve. Fue corta, pero sincera. Ryan se aferró a eso como a una pequeña victoria. Ambos se levantaron y entraron a la cabaña.
****
Más tarde, cuando todos se acomodaron para dormir, Ryan permaneció despierto. Compartía una habitación con Tyler y Warren, aunque decir que Tyler dormía era generoso. Se había quedado profundamente inconsciente apenas tocó la almohada. Warren, en cambio, respiraba de forma pareja, con esa disciplina involuntaria que parecía acompañarlo incluso en sueños. Ryan miró el techo de madera durante varios minutos. No sabía qué lo inquietaba. Tal vez fue su conversación con Alison o el silencio de afuera. Incluso pudo ser la sensación extraña de que todo estaba bien. Entonces sintió algo. Era como un latido. No fue un sonido fuerte y tampoco pareció venir de la habitación. Fue más como una vibración breve y profunda, como si algo hubiese palpitado en algún lugar cercano. Ryan se incorporó lentamente, pero el silencio volvió a apoderarse del ambiente.
—Ay Dios, ahora escucho cosas —murmuró, girando los ojos.
Se puso una sudadera, salió con cuidado de la habitación y bajó las escaleras sin encender la luz. La sala estaba en penumbra. Las sombras de los muebles se alargaban por el suelo y la ventana principal mostraba el reflejo plateado del lago bajo la luna. Ryan abrió la puerta y salió al porche. El aire nocturno le golpeó el rostro. Estaba frío, más de lo esperado. Entonces sintió otro latido. Esta vez lo sintió en el pecho. Ryan se quedó inmóvil, mirando hacia los árboles. El bosque no se movía. Ni siquiera una rama o una hoja. Era como si la noche hubiera contenido la respiración. Ryan bajó los escalones y caminó unos metros sobre la hierba húmeda. Por un instante creyó ver una luz muy tenue entre los troncos. No era roja, ni azul, ni dorada. Era distinta. Demasiado lejana para distinguirla.
—¿Hay alguien ahí? —preguntó él.
La luz desapareció a los pocos segundos. Ryan sintió un escalofrío y apretó la mandíbula. Su instinto le pidió avanzar, investigar y llamar a los demás. Pero algo lo detuvo. No había amenaza. No había indicio de algún demonio, energía oscura o una presencia hostil. Solo aquel eco imposible que se había desvanecido con la misma rapidez con la que llegó. Cuando regresó a la cabaña, encontró a Alison despierta junto a la ventana de la sala. Estaba envuelta en una manta, mirando el lago.
—¿No puedes dormir? —preguntó ella.
Ryan cerró la puerta despacio.
—Supongo que no. ¿Y tú?
—Tampoco.
Se quedaron en silencio. Ryan se acercó, pero no mucho Alison no apartó la vista del lago.
—Creí escuchar algo afuera —dijo él.
—Yo también.
Ryan la miró.
—¿Qué escuchaste?
Alison tardó unos segundos.
—No sé. Algo como… un golpe. Fue muy bajo. Pensé que había sido la madera.
Ryan volvió la mirada hacia la oscuridad exterior. No quería darle demasiada importancia. No todavía.
—Probablemente fue eso.
—Probablemente —repitió ella, aunque no sonó convencida.
Alison acomodó la manta sobre sus hombros. El reflejo de la luna le iluminaba la mitad del rostro. Ryan pensó que se veía mayor. No por la edad, sino por todo lo que había aprendido a cargar sin decirlo.
—¿Extrañas cómo éramos antes? —preguntó ella.
Ryan no esperaba la pregunta.
—A veces.
—Yo también. Pero… solo éramos más jóvenes.
—Aunque ser ingenuos no estaba tan mal.
Alison sonrió con tristeza.
—No. No estaba tan mal.
Ryan apoyó una mano en el marco de la ventana.
—Las clases empiezan en 9 días.
—Llevas la cuenta muy presente, Ryan.
—Es el penúltimo año. Tal vez volver a la rutina ayude un poco.
—Tal vez.
Ryan quiso decirle algo más. Algo importante. Pero no encontró las palabras correctas. Alison tampoco parecía necesitarlas. Permanecieron allí unos minutos, mirando el lago en silencio, hasta que ella finalmente se apartó.
—Buenas noches, Ryan.
Ryan esperó a que se acercara y le diera un beso en la mejilla, pero ella pasó de largo. Ryan solo le respondió.
—Buenas noches, Alison.
****
La mañana llegó con una claridad suave. Nadie mencionó el latido. Ryan tampoco lo hizo. Tyler despertó quejándose de dolor de espalda y culpando al colchón. Juliet aseguró que la cabaña olía a encierro, aunque luego pidió repetir el desayuno de Tyler. Millie tomó más fotografías de las necesarias y Warren insistió en dejar todo limpio antes de marcharse. Alison ayudó a recoger las tazas y dobló las mantas con una concentración silenciosa. Parecía un poco más presente, pero no más ligera.
Antes de irse, Millie obligó a todos a tomarse una última foto frente al lago.
—Una normal —pidió Warren— solo una.
—Mis fotos siempre son normales —respondió Millie.
—En una salgo con cara de haber sido poseído —dijo Tyler.
—Eso no fue culpa de la cámara. Tú eres muy inquieto —dijo Millie, dándole un apretón en la mejilla.
Se acomodaron frente al agua. Tyler pasó un brazo por los hombros de Ryan, Juliet se cruzó de brazos fingiendo fastidio, Warren sonrió con discreción y Millie corrió para alcanzar su lugar antes de que el temporizador llegara a cro. Alison quedó al lado de Ryan. Él la miró un instante y le tomó la mano.
—¿Lista?
Ella asintió.
—Lista.
La cámara capturó el momento.
****
El regreso a Terrance Mullen fue más tranquilo. En el auto, Tyler puso música y cantó mal a propósito hasta que Ryan amenazó con bajarse en movimiento. Alison miraba por la ventana, pero esta vez no parecía tan lejos. O quizá Ryan quería creerlo. Cuando llegaron a la ciudad, el domingo por la tarde comenzaba a caer con una luz dorada sobre las calles conocidas. Cada uno volvió a su casa, a sus pendientes, a la vida que los esperaba con esa paciencia extraña que tiene la normalidad cuando sabe que no durará para siempre.
El lunes 4 de septiembre, Tara regresó de Chicago a Terrance Mullen. Millie pasó parte del día ayudándola a acomodar sus cosas y contándole detalles del viaje a la cabaña, exagerando algunos momentos para hacerla reír. Tyler trabajó en la cafetería. Warren revisó notas para el periódico. Juliet se quejó por mensajes sobre el primer día de clases. Ryan, por su parte, guardó en su escritorio una copia impresa de la fotografía del lago. La miró durante un largo rato. Todos parecían estar bien. Incluso Alison sonreía apenas. No había ninguna sombra extraña, ningún rostro oculto, ninguna señal evidente de peligro. Y aun así, Ryan no pudo quitarse la sensación de que algo los había observado desde el bosque.
El martes 5 de septiembre de 2017, la Universidad de Terrance Mullen amaneció llena de estudiantes. Autos entrando y saliendo, grupos reunidos en los jardines, profesores caminando con carpetas bajo el brazo y voces mezcladas en el aire fresco de la mañana. Ryan llegó junto a Tyler, quien llevaba un café enorme en la mano e iba vestido con ropa formal. Ryan observaba el campus como si intentara convencerse de que aquel lugar podía ser simplemente eso: una universidad.
Millie apareció cerca de la entrada principal, agitando la mano. Tara estaba con ella, mirando todo con curiosidad renovada.
—Primer día oficial —dijo Millie— por favor, que nadie desaparezca antes del almuerzo.
—Haré mi mejor esfuerzo —respondió Tyler.
Juliet llegó unos minutos después, impecable y con expresión de haber sido obligada por el destino a convivir con gente demasiado entusiasta.
—Lo único que me gusta del primer día es elegir el mejor outfit para estar bien presentable.
—Tú odias muchas cosas —contestó Tyler.
—Al menos me da estabilidad. Me pregunto qué chismes habrá por contar este año.
Ryan sonrió, pero su atención se desvió cuando vio a Alison cruzando el patio. Caminaba sola, con una mochila al hombro y el cabello moviéndose apenas con el viento. Al verlos, se acercó. Saludó a Millie, abrazó brevemente a Tara y luego miró al resto.
—Hola chicos.
—Hola —dijo Ryan— ¿Lista para volver?
Alison observó los edificios, los estudiantes, la vida moviéndose alrededor de ellos como si nada terrible hubiera ocurrido jamás.
—La verdad no, pero lo intentaré —respondió con sinceridad.
Tyler alzó su vaso de café.
—Esa es la actitud universitaria correcta.
Alison soltó una risa suave. Ryan la miró y, por un segundo, creyó ver algo parecido a esperanza en sus ojos. No se trataba de una alegría completa, pero sí una pequeña disposición a seguir caminando.
El grupo avanzó hacia el interior del campus. Cada uno tomó una dirección distinta al llegar al cruce de pasillos. Warren se despidió primero. Juliet siguió hacia su edificio. Millie y Tara caminaron juntas entre risas. Tyler se alejó prometiendo que sobreviviría a su clase solo si encontraba otro café.
Ryan y Alison quedaron unos segundos frente a la biblioteca principal.
—Nos vemos luego —dijo ella.
—Sí. Nos vemos más tarde.
Alison se marchó. Ryan la observó perderse entre los estudiantes. Luego miró hacia el cielo despejado de septiembre y respiró profundamente. Todo parecía normal. El campus, las voces, el movimiento y el inicio de clases. Todo anunciaba un nuevo comienzo. Pero en algún lugar dentro de él, muy profundo, algo respondió con un latido tan leve que Ryan apenas lo notó. Esta vez decidió ignorarlo. Y siguió caminando.
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