El Despertar del Círculo
Capítulo 1
El Latido Púrpura
El viento soplaba fuerte, moviendo polvo y piedras pequeñas por el sendero que descendía hacia una cueva. Un hombre avanzaba rápido, sosteniendo una antorcha cuya llama temblaba con cada ráfaga. Su respiración era agitada, pero no por el esfuerzo del camino, sino por la urgencia de lo que estaba por hacer. Cuando llegó a la entrada de la cueva, dudó por un instante antes de ingresar. El interior se sentía frío y evocaba un inquietante silencio. Caminó con sigilo hasta que encontró una cámara más amplia, donde una figura permanecía sentada en el suelo, cubierta por una tela oscura que ocultaba su rostro.
—Navira… aquí estoy —dijo, tratando de mantener su voz firme.
La mujer no respondió de inmediato. Permaneció inmóvil unos instantes, como si no estuviera presente del todo. Luego, lentamente, llevó las manos a la tela y la retiró, dejando al descubierto su rostro y revelando una larga cabellera. Su piel morena contrastaba con el brillo de sus ojos, que resplandecían con un blanco intenso, como si mirara más allá de lo que no podía verse.
—Me dijeron que… —comenzó.
—Lo sé —ella lo interrumpió, con calma, mientras sus ojos volvían poco a poco a la normalidad— siempre lo sé.
—El hombre asintió, tensando la mandíbula.
—Entonces… ¿por qué me llamaste?
Navira no respondió de inmediato. Alzó una mano y, frente a ella, el aire empezó a distorsionarse, como si algo invisible se abriera paso en la realidad. Una esfera cristalina emergió de la distorsión, quedando suspendida en el aire. Su superficie no era del todo lisa. Parecía moverse, como si contuviera algo de vida en su interior. El hombre dio un paso atrás. Navira cerró los ojos y comenzó a mover las manos con lentitud, realizando una serie de gestos precisos que parecían formar parte de un ritual antiguo. La esfera reaccionaba a cada movimiento.
—Sabes que este don no es un regalo —murmuró ella.
—Lo sé —respondió él— por eso nadie debe saber…
—Nadie sabe —replicó Navira, abriendo sus ojos de golpe— y seguirá siendo así.
Durante unos segundos, el silencio se volvió más pesado. Navira bajó su vista hacia la esfera, como si tuviera dudas acerca de lo que veía.
—No debía ver esto —susurró.
El hombre frunció el ceño.
—¿Ver qué?
Navira hizo una respiración profunda antes de pronunciarse.
—El equilibrio que conocíamos… nunca estuvo completo.
—Eso no es posible.
—Eso es lo que nos hicieron creer.
El hombre se mantuvo en silencio, digiriendo sus palabras.
—Entonces ¿qué fue lo que viste?
Navira dirigió su mirada hacia la esfera, que comenzó a mostrar seis luces en su interior. Cinco de ellas permanecían estables, mientras que la sexta, de un tono púrpura intenso, latía de forma irregular, como si se manejara a voluntad propia.
—Turok… Ya no es una posibilidad. Es un hecho.
La luz púrpura pulsó con más fuerza.
—Ha comenzado.
—¿Qué significa eso?
Navira alzó la mirada, esta vez con certeza.
—Que el sexto protector… ya está aquí.
Turok se levantó, sacudiendo sus botas negras y sin hacer más preguntas. Sabía que ya no eran necesarias. Asintió con rigidez sin apartar su mirada de Navira, que parecía muy firme y convincente. Turok salió de la cueva con rapidez, consciente de que aquel mensaje no podía esperar más tiempo.
****
Una oscuridad sin límites se extendía en todas las direcciones. No había suelo, ni cielo, ni referencia alguna que permitiera entender dónde estaba. Ryan Goth permaneció de pie en medio de aquel vacío, observando con desconcierto el entorno que no lograba comprender. Entonces sintió algo. Un latido. No se trataba de un sonido externo, sino una sensación que parecía surgir desde lo más profundo de su cuerpo. Ryan frunció el ceño, confundido y entonces la vio. Una luz púrpura parpadeante flotaba frente a él, suspendida en la nada. Cada parpadeo figuraba como el latido de un corazón. Los latidos bajaron su ritmo cuando cinco luces más aparecieron alrededor. Ryan Goth, de veintidós años, observó el fenómeno con sus azulados ojos, a unos metros de distancia. No sabía qué sucedía ni tampoco dónde estaba, pero sí era consciente de algo: la luz púrpura sobresalía entre todas las luces. Bajó la vista y miró sus pies. Solo estaba la nada.
—Esto no es real —se dijo a sí mismo.
Las cinco luces brillaban de manera uniforme, en equilibrio, mientras que la púrpura destacaba entre todas por su intensidad y el ritmo irregular con el que latía. Ryan tragó saliva. El latido se volvió más fuerte. De pronto… entendió algo. La pulsación no venía de la luz, sino de él. Bajó la mirada y observó sus manos. Estaban temblando. Alzó su vista y contempló la luz púrpura. Parecía responder a su presencia. Como si lo hubiese reconocido.
—¿Qué eres…? —preguntó, en voz baja.
Pero no hubo respuesta. Solo escuchó un latido, como si el mundo a su alrededor tuviera un corazón. Ryan acercó su mano a la luz púrpura, con mucha cautela y la tocó. En sus oídos escuchó una serie de ecos que querían comunicarle mensajes que no entendía. No eran palabras claras, sino fragmentos y ecos que no lograba ordenar. Ryan se llevó las manos a la cabeza, intentando resistir la intensidad de lo que estaba experimentando.
—¡No!
Ryan abrió los ojos. Estaba sentado sobre su cama con las manos apoyadas sobre el colchón. Su frente sudaba. Había despertado sobresaltado de un extraño sueño que no comprendía. Bajó los pies de la cama y permaneció sentado, tratando de sobreponerse. Llevaba el pantalón de su pijama puesta y tenía el pecho descubierto. Se dirigió al sanitario, abrió el grifo y se lavó la cara, mirando su reflejo y respirando de forma agitada. Cerró los ojos y empezó a controlar su respiración poco a poco. Cuando estuvo más tranquilo, volvió a su habitación, pero algo llamó su atención. El cristal sobre su escritorio estaba brillando. No era un resplandor fuerte, pero si lo suficiente como para notarse en la oscuridad. Ryan se acercó lentamente y lo tomó en sus manos. Al sostenerlo, el brillo se intensificó ligeramente.
—Esto no es una coincidencia —dijo, mientras contemplaba el cristal.
El latido se manifestó de nuevo, esta vez era suave. Ryan levantó la mirada y observó su habitación, como si esperara encontrar algo más, pero todo lucía normal. Entonces miró su reloj. Eran las seis de la mañana del 18 de septiembre de 2017.
—No tengo tiempo para esto —dijo, luego de exhalar con fuerza.
Ryan encendió las luces y se vistió rápidamente, mientras escuchaba música de la banda Honne. Tomó su teléfono móvil y miró las notificaciones. Pero algo no le convencía del todo y volvió a detenerse. Colocó el cristal en uno de los cajones de su escritorio, con una sensación persistente dentro de su pecho. Algo no encajaba y lo sabía. Entonces se sacudió su cabellera oscura y salió de su habitación con la mochila al hombro.
****
Ryan observó la palma de su mano y trató de ganar concentración. Sostenía en sus manos el mismo cristal de esa mañana. Cerró sus ojos mientras hacía respiraciones profundas. Al abrirlos notó una llama encendida en su índice derecho. Cerró su puño y volvió a cerrar sus ojos, intentando focalizar su atención en su palma. Cuando abrió sus ojos nuevamente su puño estaba encendido en fuego. Ryan agitó su cabeza y se sacudió los brazos. Una profunda exhalación salió de su boca al darse cuenta de que algo no estaba funcionando. Se dirigió a la mesa de madera en la que había algunos libros de pastas duras abiertos. Ryan tomó uno que mostraba la imagen de un cristal con un texto debajo. Era un ejemplar antiguo, pero bastante legible. Tomó asiento y se concentró en la lectura, pero poco después se distrajo al notar la presencia de una persona que descendía por las escaleras. Era su hermano mayor, el rubio Tyler Goth, que acababa de entrar al Centro de Operaciones cargando una bolsa de cartón.
—Hola hermanito. Sabía que te encontraría aquí —dijo Tyler, sonriendo.
—Sí. He estado trabajando en los cristales.
—Yo ni siquiera lo he intentado.
—¿Estás seguro? Creo que ahora me estoy conectando mejor con el mío, aunque no he logrado amplificar mi magia.
—¿Pudiste hacer el ejercicio que nos recomendó Albert?
—Sí. Un poco. La verdad es que sí amplifica mi poder, pero no puedo mantenerlo por mucho tiempo. Un paso a la vez ¿no?
—Un paso a la vez, exacto. Millie dijo que ese libro podría ser de ayuda.
—¿El que habla sobre los cristales de poder? —preguntó Ryan.
—Bueno, es que no fue creado específicamente para nuestros cristales porque supongo que todo esto es muy nuevo.
—Lo sé. Eso me da algo de incertidumbre. Somos la primera generación en más de tres mil años en poseer unos cristales como estos y…
—Ni lo digas, que el solo pensarlo hace que sienta un poco de culpa.
Ryan sabía exactamente de lo que su hermano hablaba. A medida que movía sus azulados ojos y se sacudía su cabellera negra, Ryan sentía un gran peso sobre sus hombros, al igual que su hermano Tyler. Estuvieron serios por un momento, contemplando cada uno el cristal de fuego, que Ryan sostenía en su mano, pero a Tyler le ganó el hambre y decidió comerse la hamburguesa que había llevado. Ryan continuó hojeando el libro, buscando alguna información que lo ayudara a entender mejor el funcionamiento del cristal que recibió en consecuencia de una decisión tomada por su novia Alison Pleasant. Mientras Tyler devoraba su hamburguesa, Ryan acercó el cristal rojizo a sus ojos y lo contempló por unos segundos.
—No hay un manual para entender estos cristales. Supongo que ellos serán nuestros guías a partir de ahora.
—Ni siquiera Streamphere tiene tutoriales para ello.
—Qué gracioso, Tyler —rio Ryan.
—Sí, pero sé a qué te refieres. Mi cristal ha estado parpadeando en ocasiones, mientras estoy en el trabajo. A veces me da miedo llevarlo conmigo, pero sé que debo hacerlo.
—¿Eso es reciente?
—¿Llevarlo conmigo?
—No, tonto. El hecho de que empezara a parpadear.
—Bueno, comenzó apenas hoy. No le puse mucha atención. Supongo que lo hace por el vínculo que guarda conmigo.
—¿Y porqué no me dijiste eso antes?
—¿Por qué tenía hambre?
—Tyler…
—¿Qué? Bueno, digamos que lo olvidé un poco, pero creí que tal vez era por lo que te decía.
—Sobre el vínculo.
—Sí, pero también pensé… ¿y si es algo más?
—Podría estar relacionado con el sexto protector.
—Del que no sabemos si es un chico o una chica…
—Exacto. Ya pasaron semanas y tampoco hemos averiguado nada…
El sonido de un teléfono interrumpió la conversación entre los dos hermanos. Ryan se dio cuenta de que se trataba del suyo. Al verificar la pantalla, se la mostró a Tyler sonriendo y respondió la llamada en modo altavoz.
—¿Ryan?
—Hola, Millie. ¿Cómo estás?
—Estoy muy bien. Gracias por preguntar.
—Adivina quién está conmigo…
—¿Alison?
—No, pero buen intento. Tu susodicho.
—¡Ryan! —exclamó Tyler, en tono de queja.
—Ah, ¡qué bueno! Dile que me visite pronto.
—Ya te escuchó.
—Bueno, te he llamado porque necesito tu ayuda.
—Sí, claro. Dime.
—Me dan un poco de pena estas cosas, pero ¿podrías echarle un ojo a Alison? Tara acaba de enviarme un mensaje y la vio entrar a, ya sabes, la Zona Demoníaca.
Ryan exhaló profundo y se agarró la cabeza con su mano libre. Se recargó en el respaldo de su silla y luego miró a Tyler, quien tenía el ceño fruncido.
—No sabía que Tara había vuelto.
—Estuvo unos meses en Chicago trabajando con Sophie, Doyle y Brett y los miembros que quedaban de los Descendientes de la Noche, pero también está preocupada.
—¿Y decidió seguirla así nada más?
—Yo le pedí que lo hiciera, pero no quiero que se involucre de más, por eso recurrí a ti.
—¿Y quieres que vaya a cerciorarme de que todo esté bien?
—Alison está con Juliet, quien ha comenzado a cansarse de las salidas nocturnas que Alison propone para patrullar esa zona. Siento que todo esto del sexto Protector la tiene tensa y…
—De acuerdo. Tyler y yo iremos…
—Gracias, Ryan. Y… disculpa que te moleste con estas cosas.
—No, está bien, Millie. Digo, soy su novio, pero… es tan extraño que no me cuente esas cosas.
—Lo siento, Ryan. Avísame qué averiguas.
Ryan colgó la llamada y miró a su hermano, quien le señaló la salida. Ambos abandonaron el Centro de Operaciones de los Protectores, lugar donde habían pasado los últimos seis años haciendo investigaciones mágicas y hecho descubrimientos asombrosos, y ubicado en el sótano de su granero. Mientras Tyler conducía el coche que les pertenecía a ambos, Ryan miraba por la ventana pensando en lo que podría estar pasando por la cabeza de Alison. La sentía distante y a veces un poco fría. Parecía que los sucesos ocurridos semanas atrás seguían teniendo repercusiones en ella.
****
Una joven movía las aguas de una fuente con sus manos, mientras tarareaba una canción. A su lado se encontraba una chica sentada y con la vista puesta en su móvil. Estaban en una plaza poco concurrida y de aspecto inquietante. Frente a ellas había un edificio en cuyo primer piso se encontraba un bar, custodiado por dos hombres fuertes.
—¿Crees que así pasaremos desapercibidas? ¿Actuando como estúpidas? —preguntó la joven rubia.
—Juliet, por favor, mírame —Alison volteó a verla de reojo— ¿te parezco estúpida?
—No, pareces una chica normal con la vista sumergida en su teléfono.
—Un poco como tú ¿no?
—¿Tiene algo de malo que me la pase en el teléfono? Es una fachada…
—No creí que te molestara que actuara un poco como tú.
Juliet se giró y se sentó por un lado de Alison, mientras ella escudriñaba para los lados.
—Discúlpame, señorita influencer.
—Ya deja eso por la paz, Alison. Dijiste que estamos aquí por una razón.
—Queremos desviar la atención de las personas sobre nosotras. No sabemos si después de lo que ocurrió hace semanas… puedan recordar o al menos reconocernos.
—En eso tienes razón.
Alison Pleasant tenía una misión esa noche, pero no le dijo mucho a Juliet. Durante las últimas semanas, se había dedicado a monitorear las peticiones y solicitudes que ella y sus amigos recibían en el sitio web al que llamaban “Detectives de lo Desconocido”, creado por ella misma años atrás. Este sitio, alojado en Internet, permitía a las personas expresar sus preocupaciones sobre situaciones o fenómenos sobrenaturales que no podían ser explicados. Solo Alison y sus amigos sabían de qué se trataba. Días atrás recibieron la petición de un chico que afirmaba haber visto a un hombre de boina roja y traje elegante escupiendo fuego y aterrorizando a las personas en pleno centro de Terrance Mullen. En las noticias hubo reportes sobre la aparición de dos cadáveres calcinados que fueron encontrados en las afueras de la ciudad. Alison sospechaba que podría ser el hombre de la boina, como se lo hizo saber a Juliet.
—¿Cuánto tiempo más piensas que deberíamos estar aquí? Mañana tengo clases a las ocho de la mañana y…
—Juliet, esto es importante. Tenemos que asegurarnos de si ese hombre…
—Alison, pero no tenemos certeza de sí es el responsable de la muerte de esas personas. Pudo haber sido un asesino en serie.
—Las condiciones en que los encontraron fueron inhumanas.
—Alison…
—Calla… mira a ese tipo.
Un hombre de piel clara, que vestía un pantalón de cuero, camisa roja y una chaqueta oscura, se colocó una boina roja sobre la cabeza. Salió del bar que las chicas vigilaban. Prendió un cigarrillo y exhaló una profunda calada, encaminándose hacia el parque. Alison y Juliet se hicieron las desentendidas y continuaron en lo suyo, mientras el hombre caminaba cerca. Cuando notaron que se aproximaba hacia un callejón cercano, Alison cogió a su amiga por el brazo y le dijo que era hora. Lo siguieron a hurtadillas hasta que el hombre se detuvo, exhalando una bocanada de humo. Alison sacudió su cabellera castaña y se colocó en posición de defensa, como si se hubiera preparado para una pelea que veía venir. El hombre se giró e hizo contacto visual con las dos jóvenes.
—¿Se les ofrece algo? —preguntó.
—¿Cómo te llamas? —Alison le devolvió la pregunta.
—¿Quién lo pregunta? ¿Me conocen de algún lugar?
—Te vimos en el bar.
El hombre se cruzó de brazos y las miró con confianza.
—¿Buscan contratar mis servicios?
—¿Qué servicios ofreces?
—Soy un cazador de recompensas y me dedico a matar.
—Alison… vámonos —Juliet musitó.
—Dime ¿tú fuiste el responsable de la muerte de esas dos personas que encontraron cerca del Cementerio North Hill?
El hombre frunció el ceño.
—¿Y por qué quieren saberlo? ¿Qué eres? ¿Una especie de juez moral?
Alison miró a Juliet de reojo, pero Juliet no quería continuar con aquel incómodo interrogatorio. Alison no le hizo caso y decidió acercarse al hombre, pero Juliet le jaló el brazo.
—Solo busco respuestas sobre esos crímenes. Me contrataron para averiguar la verdad.
—¿Y qué te hace pensar que yo tuve que ver?
—Eres un pirómano ¿no?
—Eso no significa que mate personas al azar.
—Jim McAlley y Paul Richardson. ¿Te suenan?
El hombre levantó la vista y luego lo negó con la cabeza.
—Muchachita. No tengo idea de quiénes son esas personas. Yo que tú me cuidaría porque están pasando cosas en esta ciudad que ni siquiera tú imaginas. Dicen que las cosas se calmaron un poco, después de que esa estúpida vampira…
—Espera ¿tú lo recuerdas? —preguntó Juliet.
—¿Morgaine revelando al mundo la existencia de la magia? Muchos podemos recordar, pero no hay forma de demostrarlo. Solo recordamos el caos… supongo que los humanos no ¿cierto?
Alison suspiró profundo y compartió miramientos con Juliet.
—¿Acaso eres una bruja justiciera? ¿Tuviste que ver con lo de Morgaine…? Oh… no… tu cara me es conocida. Creo que te vi en uno de esos carteles… ¿Eres una Protectora?
Alison tomó los comentarios de aquel hombre como un ataque verbal y se preparó para atacar físicamente. Sin embargo, un grito en las lejanías la distrajo y ella se giró para averiguar su procedencia. Eran Ryan y Tyler, quienes se acercaron corriendo hasta el callejón. Alison movió su mirada hacia el hombre, pero este se había esfumado.
—¿A dónde se fue? —preguntó Alison.
—No lo sé —dijo Juliet.
—¿Tú los llamaste?
—No, yo no fui, Alison. Te dije que vendría contigo.
Ryan se acercó a su novia, la tomó por los hombros y luego la abrazó, pero el gesto no fue bien recibido por la joven.
—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó la joven.
—Venimos porque… —Ryan miró de reojo a Juliet, quien le hizo unos gestos que Ryan logró interpretar— pensé que podían necesitar nuestra ayuda…
—Pues que buena ayuda ¿no? Ese hombre se nos escapó.
—¿De qué hablas? —preguntó Tyler.
—Estoy aquí haciendo una investigación.
—¿Sobre qué?
—Sobre dos crímenes.
—Alison… sabes que cuentas con nosotros. Somos equipo.
—Quise hacerlo yo misma. Y le pedí ayuda a Juliet…
—Sí, pero es riesgoso ¿no? No conoces la clase de fuerzas malignas que podría haber en este lugar, que de por sí ya es peligroso.
—Lo arruinaron. Ya está. Le perdimos la pista a ese hombre después de esperar durante horas a que apareciera. Que genial.
Alison, visiblemente molesta, caminó de vuelta al parque mientras Ryan intentaba entender. Tyler, por otro lado, se acercó a Juliet para preguntar sobre su misión.
—Juliet… ¿por qué no nos dijiste que estaban aquí? Sabes lo peligroso que es este lugar. Además… pudieron reconocerlas…
—Lo lamento, chicos. Alison… parece fuera de control. No sé qué hacer. Solo habla de detener a los seres malvados, seguir su rastro, buscar culpables, hacer magia… yo solo he querido algo de normalidad con mi amiga, pero…
Ryan y Tyler asintieron. Los tres observaron a Alison sentarse en la misma fuente con la vista en el teléfono. La joven vivía su vida en automático, como si le molestara pausar y sentarse a pensar en las repercusiones de sus acciones. Ryan trató de acercarse a Alison, pero Juliet lo detuvo pidiéndole que la dejara sola. Necesitaba procesar su frustración, aunque no la entendieran en el fondo. Mientras contemplaban a la joven Pleasant lidiar con sus emociones, unos ojos brillantes rojizos les vigilaban desde un callejón oscuro.
****
Ryan y Tyler regresaron a casa después de que Alison decidiera ir a su casa por su cuenta. Durante su camino a la entrada, Tyler expuso sus inquietudes sobre la arriesgada misión de Alison de esa noche, pero Ryan se distrajo por un momento. Parecía buscar en sus pensamientos una solución para lo que sucedía con su novia hasta que Tyler le chasqueó los dedos.
—Lo siento, Tyler. Me quedé pensando —dijo Ryan, antes de abrir la puerta.
—Sí, Alison. Creo que solo busca resolver sus inseguridades.
—Tyler…
—Ryan. Seamos honestos. Es la verdad.
—Ni tú ni yo debemos juzgarla. En verdad estoy preocupado por ella.
—¿Lo dices porque Alison está en modo obsesiva automático?
—Un poco, pero…
Ryan de repente movió la mirada hacia el suelo. Había un paquete en la entrada. Se agachó para recogerlo y lo sintió un poco pesado.
—¿Pediste algo en RapidBox? —preguntó Tyler, mirando la caja por los lados.
—No, está a nombre de Warren. Mira —Ryan señaló la etiqueta del empaque.
Tyler y Ryan ingresaron a la residencia Goth, donde vivían con sus padres y hermano mayor Warren. Tyler colocó su chaqueta en el perchero del vestíbulo y junto a Ryan avanzó hacia el comedor, donde un aperlado joven de cabello ondulado castaño tecleaba en una computadora portátil. Ryan colocó la caja encima de la mesa, distrayendo la atención del joven.
—¿Interrumpimos, Warren? —preguntó Tyler.
—Oh no —dijo el joven, separando sus dedos de la computadora y estirando las manos— solo estaba avanzando un poco un artículo. Las fechas de entrega son algo duras.
—Dejaron este paquete en la entrada. Es para ti —dijo Ryan.
—¿En serio? ¿Ya llegó?
Warren se colocó de pie y sacó un juego de llaves de su bolsillo. Usó una llave para cortar la cinta que forraba la caja y abrió el paquete. En el interior había un aparato electrodoméstico que sacó con mucho orgullo.
—Mi primer autoregalo —dijo Warren, abrazando una cafetera exprés.
—Wow. Con razón la caja estaba pesada —dijo Tyler.
—Sí, claro. Como tú la cargaste —dijo Ryan.
—No me refería a eso, bobo. Pero mira… qué genial. Ahora podrás prepararnos un rico café en casa —sonrió Tyler.
—Oh, ni lo piensen. Ninguno de los dos —dijo Warren, colocando la cafetera por un lado de su laptop.
—¿Por qué? ¿No es para el COP? —preguntó Ryan.
—¿Por qué tengo que ser yo siempre el que compre todo para el COP? —Warren miró a sus hermanos cruzado de brazos.
—¿Por qué eres el mayor? —inquirió Ryan.
—Es para la oficina, par de tontos. Bueno, aunque realmente es para mí…
—¿O sea que prefieres compartir ese artefacto tan preciado con una bola de extraños que con tus propios hermanos? —preguntó Tyler.
—Tyler, no seas así. Esos extraños son como mi segunda familia.
—Tercera. Tus amigos son tu segunda —recalcó Ryan.
—Bueno, la compré porque el café de la oficina es horrible. Y ya le dije a Javi que compraran otro café, pero es el favorito de la señora Helen. Pero —Warren se aclaró la garganta— cuéntemne ¿dónde andaban?
—Asegurándonos de que nuestra cuñada no cometiera una locura —respondió Tyler.
—¡Tyler! —dijo Ryan, dándole un ligero golpe a Tyler en el brazo.
—¿Qué? Ella es la que anda desatada…
—Bueno, pero es por lo que pasó hace semanas ¿no? —dijo Warren.
—Sí, pero Tyler es algo imprudente al decirlo de esa forma.
—¡Ay, por favor, Ryan! No empieces con eso… sabes que es la verdad.
—¿Alison está en problemas?
—Sí y no —dijo Ryan.
—Oh, que caray. Decídanse chicos —Warren cruzó los brazos.
—Alison ha estado investigando solicitudes del sitio web. El que ustedes abrieron cuando yo me fui a las Regiones Mágicas Unidas…
—Ajá ¿y? —preguntó Warren, con el ceño fruncido.
—Pues parece que encontró un caso que le pareció interesante seguir: el hallazgo de dos cuerpos calcinados cuyas condiciones parecen… sobrenaturales.
—Oh, es verdad. Supe algo sobre eso. Mi compañero del periódico, Malik, está investigando…
—Alison piensa que fue obra de un demonio porque hay avistamientos reportados sobre un hombre que escupe fuego y aterroriza a las personas en el centro, por las noches.
—Wow. ¿Y resolvió algo? —preguntó Warren.
—No. Escapó. Pero supongo que debemos investigar para ayudar a Alison —dijo Ryan.
—Pero ella dejó bien claro que no quiere nuestra ayuda, Ryan —afirmó Tyler.
—De acuerdo —Warren se quedó pensativo— pues sí necesitan algo ya saben dónde voy a estar.
Warren tomó su laptop y la caja con la cafetera y se dispuso a subir a su habitación, pero antes de llegar a las escaleras, sus hermanos le taparon el paso.
—¿Ahora qué? ¿Tampoco me van a dejar subir?
—No es eso… pero tenemos una misión, Warren. ¿Ya lo olvidaste?
Warren se sumergió en sus pensamientos por unos momentos y luego volvió su atención hacia sus hermanos.
—No lo he olvidado, pero no hemos obtenido mucha información. Chicos, si no hay mucho por ahora, tenemos que atender también nuestras vidas personales —dijo Warren.
—Es que… el cristal de Tyler brilló hoy —dijo Ryan.
—¿Qué? ¿En serio?
—Sí, Ryan cree que podría ser una señal.
—Qué raro. El mío no ha brillado. No que yo sepa. Lo tengo arriba guardado…
—¿Qué carajos? ¿Es en serio Warren?
—Pues ni modo que me lo lleve a la oficina y se lo enseñe a todo mundo, Ryan. No creo que tenga nada de malo tenerlo guardado.
—Pues no es algo que debas tener guardado. Debes traerlo contigo todo el tiempo, Warren —afirmó Ryan.
—Bien. Lo sacaré de mi cajón y lo llevaré conmigo todo el tiempo, como todo buen Protector —Warren sonrió, con tono sarcástico— ahora… ¿les importaría si voy a la cama? Chicos, estoy agotado.
—Claro —dijo Tyler.
—No olvides nuestra reunión de mañana. Piedra Lunar. Doce en punto.
Warren subió por las escaleras, alzando la mano y mostrando solo su pulgar, mientras Tyler y Ryan compartían miramientos.
—¿De vedad crees que compró esa cafetera para su oficina? ¿No nos dejará usarla el muy desgraciado? —preguntó Tyler.
—Supongo que sí. Yo creí que era para el COP —Ryan puso una mirada triste— tal vez sí es verdad lo del café de su trabajo.
****
El semestre ya había comenzado en la Universidad de Terrance Mullen. La mañana del 23 de septiembre de 2017, los estudiantes desfilaban por todos lados, algunos sumergidos en las pantallas de sus teléfonos y otros conviviendo y compartiendo sus desayunos en grupo. Esa mañana, Juliet Sullivan caminó lentamente por uno de los pasillos que conducía a la Biblioteca de la Universidad mientras hablaba a la cámara de su teléfono inteligente.
—Y recuerden, chicos, no olviden desayunar rico todas las mañanas. El desayuno es considerado como una de las comidas más importantes del día. Así que, esto fue un día más en la vida de una simple universitaria con Juliet Sullivan. Espero que les haya gustado y pues nos espera un gran día. Me desconecto. Chao. Besos.
Mientras Juliet finalizaba su transmisión en vivo, notó que había 48 personas conectadas. Muchos de ellos le enviaban mensajes positivos y regalos. Algunos respondían con emojis de corazones, caras sonrientes y estrellas. Juliet sonrió y luego se guardó el teléfono en su bolsillo, pero se distrajo cuando alguien le tocó el hombro. Juliet se giró de inmediato haciendo una posición de defensa, pero cuando notó que era un rostro familiar no tardó en disculparse.
—Diablos, Tara. Lo siento.
—No, discúlpame a mí. Debí llamarte primero, pero… te vi tan concentrada en tu transmisión. No quise interrumpir —Tara le mostró la pantalla de su móvil— estaba viéndote. Me gustan tus video blogs.
—¿En serio? Eso significa mucho. Gracias, querida. De verdad… no sabes lo que me ha costado vencer el miedo de mostrarme en cámara, pero tuve una buena maestra que me enseñó un poco durante el verano. 900 seguidores en dos meses.
—¿Alguien te dio clases?
—Una amiga de Sacret Fire me dio unos cuantos consejos. Sage Walker. Seguro la conoces.
—He escuchado sobre ella. Pero —Tara se aclaró la garganta—me acerqué a ti porque quería preguntarte como estuvo lo de anoche.
Juliet jadeó por un momento y movió la vista para los lados. Sus aretes redondos acompañaron el movimiento de su cabeza. Estaba cerciorándose de que nadie las viera. Tomó la mano de Tara y la condujo rápidamente a una banquita de piedra donde ambas tomaron asiento. Tara, sosteniendo su bolso verde contra su pecho, observó el rostro de Juliet que, inducido en muecas, parecía querer expresar lo que sentía.
—Alison está… un poco… a la defensiva.
—¿Un poco? ¿Tú piensas eso?
—Tara, ¿qué quieres que te diga? Casi no la veo. Es como si… estuviera evitándome.
—Millie dijo algo similar. Por eso pensó que yo podría acercarme a Alison y… no sé… tratar de hablar con ella.
—No es que Alison esté mal, Tara. Solo está pasando por algo que ninguna de nosotras entiende y yo le he dado su espacio. No quiero que todo el tiempo esté fulminándome con la mirada.
—De acuerdo. Bueno… es que… es mi prima y me preocupo por ella. Sobre todo, después de lo que pasó.
—Sobre eso —Juliet movió la vista en negación, cerrando los ojos— todo parece indicar que algunos seres recuerdan.
—Lo más curioso es lo que vi anoche, cuando esperaba en una esquina, observando a Alison.
—Espera ¿tú nos espiabas anoche? ¿Entonces…?
—Fui yo quien llamó a Millie y ella llamó a Ryan…
—Eso complicó las cosas. Parece fastidiarle el hecho de que nos metamos en sus misiones.
—¿No quiere que la ayuden?
—Aunque Alison me responde bien y hablamos muy poco cuando coincidimos en el dormitorio, hay cosas que no me cuenta.
—Ya entendí.
—Solo pienso que deberíamos estar ahí para ella. Todas. Digo… no es nada fácil lidiar con lo que sucedió.
—Alison ha pasado por mucho en estos últimos años.
La conversación entre Juliet y Tara se vio interrumpida por el sonar de un móvil. Juliet sacó su teléfono de su bolso. Era Ryan, quien se encontraba en la Piedra Lunar, sugiriéndole que acudiera de inmediato a la reunión para la que los había citado el día anterior. Juliet aceptó y colgó la llamada.
—Voy a la Piedra Lunar. Tenemos una reunión. ¿Vienes?
—Oh no. Tengo clases —Tara se puso de pie— además, quisiera apartarme un poco de lo sobrenatural.
—¿Fue dura la estancia en Chicago?
—Un poco. Estuve en Nueva York algunas semanas y luego volví a Chicago para apoyar con los Descendientes de la Noche y todos esos chicos desorientados en el uso de la magia… Fue abrumador. Al final decidí volver y finalizar la universidad. Como líder de la congregación Sophie decidió quedarse.
—Supongo que lo piensa como un deber.
—Así es.
—Bueno, nos queda este año y el que viene. Si salimos con vida de este lugar.
Tara asintió y se despidió de Juliet alzando la mano. Juliet se encaminó con paso lento hasta La Piedra Lunar mientras deslizaba su índice derecho sobre la pantalla de su móvil. Estaba sumergida en la aplicación PixUp, una red social usada por la gente para compartir fotografías, vídeos cortos, historias instantáneas y transmisiones en vivo. Cuando llegó a la cafetería, guardó su móvil y notó la presencia de Alison, sentada en una esquina con los brazos cruzados y con la vista en el teléfono. Juliet no le quitó el ojo mientras ingresaba a la cafetería de ventanales grandes. Ryan se puso de pie y la saludó. Después, trató de acercarse a Alison.
—¿Alison?
Alison no respondió. Siguió inmersa en la pantalla de su teléfono. Juliet compartió miramientos con Ryan, quien solo alzó los hombros y estiró la sonrisa, como una forma resignada de aceptar que su novia hiciera lo que le diera la gana.
—Alison. Ya llegué.
Alison levantó la mirada y vio a Juliet de reojo. Luego se guardó el móvil en el bolsillo.
—Oh. Lo siento —Alison se puso de pie— ¿cómo estás?
—Bien, pero parecías muy entretenida. ¿Estabas viendo mis vídeos en PixUp?
—No he podido verlos. Lo siento.
—Ni siquiera me has seguido —le reclamó Juliet.
—Lo he olvidado, cariño. Lo siento.
—Yo si te sigo —Ryan se metió en la conversación— y he comentado algunas de tus publicaciones.
—Bueno… mira, él sí lo hizo —Alison señaló a Ryan.
—Mi amigo Ryan. Tan lindo que es. Gracias, chicos. De verdad. Por el apoyo.
Juliet se sentó en la mesa con ellos, aunque esa mañana tenía sus pensamientos sobre Alison. Esperaba que tuviera un poco más de reciprocidad ya que ambas siempre se habían apoyado, pero todo parecía indicar que su amiga tenía su atención puesta en otras cosas. Tal vez debía guardar un poco más de empatía con Alison. En el fondo… sabía que algo pasaba con ella, aunque no quería meterse. Minutos más tarde, Warren Goth llegó apurado cargando su mochila y colocando unas llaves encima de la mesa que los chicos compartían.
—Hola cariño —Warren saludó a Juliet, con un beso en la mejilla y le tomó una mano.
—Me alegra que te dejaran venir.
—Adelanté mi hora de comida. Además… Es la primera reunión desde que los poderes más altos decidieron que él volviera a guiarnos.
—Ya sabes como es Albert de impredecible —le dijo Ryan.
—¿Listos? —preguntó una voz.
Los amigos se giraron al buscar la procedencia de una voz. Era Tyler, acercándose lentamente desde el otro lado de la cafetería y quitándose el mandil que llevaba puesto. Al sentarse junto a ellos, uno a uno fueron notando algo extraño en el ambiente. Todo parecía inmóvil: la gente, el ruido, las máquinas de café, las aves que sobrevolaban afuera… todo. Los coches estaban detenidos, incluso. De pronto, unas luces brillantes se materializaron en el aire, como si fueran chispazos, formando la figura de una persona. Era un hombre de traje azul, gafas negras cuadradas, cabello castaño y bien peinado. Llevaba consigo una caja dorada y estaba muy sonriente.
—¿Qué tal jóvenes Protectores? ¿Me extrañaron?
Ryan fue el primero en colocarse de pie y recibir a su antiguo guardián con un abrazo. Era Albert Bright y los chicos notaron su entusiasmo. El recibimiento fue cálido para Albert quien, al notar el distanciamiento de Alison, cambió su semblante.
—¿No pudiste elegir otro lugar? —preguntó Tyler.
—Es que todos tienen vidas complicadas ahora. Al menos es lo que el Magisterio Protector me informó. Además, ellos tienen este poder —dijo Albert, señalando los alrededores.
—¿Pueden detener el tiempo? —preguntó Juliet.
—Por un breve periodo. Como los Reyes Mágicos.
—Genial. ¿Sobre qué querías hablarnos, Albert? —preguntó Warren.
Albert puso la caja dorada encima de la mesa. Los chicos contemplaron el objeto con suma atención, especialmente Ryan, quien tuvo una sensación extraña dentro de su pecho, que lo llevó a palpar la superficie de la caja. Quitó un seguro con facilidad y la caja se abrió sola, como si Ryan hubiese desactivado un mecanismo de protección, sorprendiendo a sus amigos.
—Parece que eres más intuitivo que antes, Ryan —dijo Albert.
—Solo sentí que debía hacerlo —dijo Ryan, girando la caja y pasándola a Albert.
Albert sacó un repositorio con forma de cristal que contenía seis brazaletes dorados. Cada uno llevaba un símbolo marcado con un color específico: rojo, azul, plata, café, verde y púrpura.
—¿Qué es esto? —preguntó Juliet, boquiabierta.
—Son los Brazaletes Elementales, artefactos que fueron diseñados por el Magisterio Protector para sincronizar los Cristales de Poder con el cuerpo de cada protector.
Albert procedió a entregar un brazalete a cada Protector. Ryan se colocó el suyo de inmediato. Luego, sacó el cristal de fuego de su bolsillo y lo colocó en la ranura del brazalete. El cristal brilló, como si reconociera el brazalete.
—Wow —dijo Ryan, sonriendo y mirando a todos.
Alison parecía resistirse un poco. Estaba más pendiente de su teléfono.
—Albert ¿qué está sucediendo? ¿Por qué hasta ahora?
—Sobre eso quiero hablarles. Verán. Tomen asiento, por favor —Albert les indicó con una seña— las cosas han cambiado en el Castillo Elemental, a raíz de los eventos de hace semanas. Yo ya no estaré tan activo en el Castillo Elemental… el Magisterio decidió que volviera a ser una especie de guía para ustedes.
—¿Qué? —preguntó Tyler, absorto.
—¿Cómo es posible? —Ryan estaba intrigado.
—Hay un nuevo protector y tenemos que encontrarlo. Hasta que el círculo no esté completo me temo que estaré con ustedes por aquí. Al menos un tiempo. Esa es una cosa… lo otro es el funcionamiento de los Brazaletes Elementales. Deben colocar su cristal en la ranura, tal como hizo Ryan.
Juliet, Tyler y Warren se colocaron el brazalete y sintieron una extraña sacudida en su cuerpo. Luego, cada uno, colocó su cristal de poder en la ranura.
—Lo sintieron ¿cierto? —preguntó Ryan.
Los tres jóvenes asintieron al unísono. Alison, por su cuenta, no hizo nada, solo se cruzó de brazos, como si estuviera esperando que la reunión se acabara.
—¿Alison…? —Albert se acercó a la joven.
—¿Sí?
—¿No te vas a colocar tu brazalete?
—Oh, sí. Perdona.
Alison se puso el brazalete, sintió la sacudida y luego colocó el cristal de tierra en la ranura. El cristal brilló al entrar en contacto con el brazalete, sorprendiendo a la joven.
—Creí que era un accesorio. Como un regalo del Magisterio Protector por salvar el mundo… ya sabes… no fue cualquier cosa —dijo Tyler.
—Tu sentido del humor no cambia, Tyler —dijo Albert, sonriendo.
—Entonces. ¿Qué sigue, Albert? —preguntó Warren.
—Necesitamos observar el funcionamiento de los Brazaletes Elementales, pero no aquí. Yo les informaré. Mientras tanto, quiero que conserven la caja con el sexto cristal.
—Albert… no hemos encontrado al Sexto Protector.
—El Magisterio Protector piensa que está en la ciudad. Solo tenemos que encontrarlo. Por eso también decidí quedarme un tiempo cerca.
—Hemos seguido las pistas que recibimos y que nosotros mismos encontramos, Albert. Incluso, tenemos un listado de personas potenciales que Tyler, Warren, las chicas y yo elaboramos… pensando que podría ser cualquiera de ellos. Millie nos está apoyando a investigar las energías detectadas por la Cinetia, pero…
De pronto, los chicos sintieron una ligera vibración en sus muñecas. El tiempo se descongeló y todo comenzó a moverse de nuevo, como si nada hubiera pasado. Ryan levantó su brazo derecho, observando que su cristal estaba brillando y luego observó los brazaletes de sus amigos, cuyos cristales mostraban el mismo comportamiento.
—¿Por qué brillan, Albert? —preguntó Tyler.
—¿Será posible que…? —Juliet comenzó a formular algo en su cabeza.
Ryan, que tenía una posible teoría sobre el comportamiento de los cristales y porqué todos brillaban en sincronía, contempló el cristal del espíritu, que él mismo había estado custodiando en las últimas semanas. También estaba brillando. Ryan colocó el cristal en la ranura del Brazalete Elemental. Un brillo más potente se activó. Los demás se acercaron a la caja y notaron lo mismo que Ryan, quien caminó hacia uno de los ventanales de la cafetería, poniendo su atención en las personas que vio afuera. ¿Podría ser posible que el Sexto Protector se encontrara cerca?
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Un coche corolla del año 2017 aparcó en un lugar del estacionamiento de la Universidad de Terrance Mullen, a menos de cien metros de la cafetería La Piedra Lunar. Una joven soltó el volante de conducir y suspiró mientras se recargaba en el respaldo del asiento. La chica, de cabello largo y oscuro y ojos azules, abrió la puerta y bajó, cargando un bolso en el hombro derecho y un termo de aluminio que portaba café. Cerró la puerta del coche e hizo un llamado.
—¡Oye! ¡Aquí te van las llaves!
La joven deslizó un juego de llaves sobre el techo del coche azul. Otro joven, de ojos azules, piel aperlada y cabello castaño, bajó del asiento de acompañante y cogió las llaves, asintiendo con la cabeza.
—El regreso te toca a ti —le dijo la chica.
—Lo sé, Vera. No necesitas decírmelo. En eso habíamos quedado.
La chica sonrió y caminó hasta él, quien se acomodaba una mochila en la espalda y se guardaba las llaves en su bolsillo derecho. El joven suspiró profundamente mientras contemplaba los edificios de la universidad que se alzaban ante sus vistas.
—Es enorme. Creí que sería un poco más, no sé… como estamos en una ciudad pequeña…
—Nunca subestimes una ciudad como Terrance Mullen. Además, las chicas deben estar preparadas para ti, Oliver.
Oliver giró los ojos, como si el comentario de Vera le fastidiara. Luego sonrió y movió la cabeza. Los dos caminaron lentamente hacia la entrada del campus universitario y se acercaron a un tablero ambulante donde encontraron distintos folletos informativos. Segundos después, un joven se acercó.
—¿Piensan llegar a un lugar específico de la universidad? El campus es enorme… podría guiarlos si ustedes desean.
Oliver miró a Vera, como si le dejara el poder de decisión a ella.
—Yo creo que así estamos bien. Exploraremos por nuestra cuenta… gracias —dijo Vera.
—Bueno, si son nuevos. Bienvenidos. Que tengan un bonito día.
Oliver asintió, pero su reacción de desagrado desconcertó un poco a Vera, quien le jaló el brazo para avanzar en su camino.
—¿Siempre tienes que hacer esas caras? ¿Por qué eres tan engreído? —preguntó Vera, mientras caminaba al lado de Oliver.
—¿Por qué tienes que preguntar lo que es obvio?
—Porque soy tu hermana y te conozco, sangrón de primera.
—Si tú lo dices.
Vera se detuvo por un momento y contempló los alrededores del campus y Oliver la acompañó en su exploración visual.
—Hay mucha gente. Creí que esta universidad sería diferente a la anterior… hay una cafetería en esa área, parece que es externa a la universidad y ¿qué es eso? —señaló Vera.
Oliver miró en la dirección que indicó Vera. Había un edificio, cerca de la cafetería, que parecía ser nuevo y estaba protegido por señalizaciones de construcción que advertían a los estudiantes mantenerse alejados.
—Parece ser un edificio nuevo. Creo que nos llevará un tiempo explorar la escuela completa. ¿Tu primera clase comienza pronto? —preguntó Oliver.
—Mi horario está de locos. Antes dí que logramos inscribirnos al curso, pero al menos tendré tiempo libre para lo otro.
—Entonces no perdamos el tiempo. Vayamos a conocer este lugar y averiguar lo que nos depara.
Vera asintió con una sonrisa, mientras Oliver, sosteniendo la agarradera derecha de su mochila sobre su hombro, contemplaba el recinto con cierta satisfacción y curiosidad, como si hubiera estado esperando aquel momento toda su vida.
—¿Te quedas? —Vera se giró al ver que su hermano no avanzaba.
Oliver negó con la cabeza. Sonrió y siguió caminando a su lado, mientras algunos compañeros los observaban con curiosidad. Era evidente que eran nuevos.
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