Oculto en el Tiempo

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Capítulo 1

Habilidades de Supervivencia

Preston detuvo su mirada por un momento. Acababa de escuchar un ruido proveniente de entre los árboles. Se introdujo siendo sigiloso entre la creciente flora del lugar donde se encontraba. Su cabello castaño se movía a medida que el viento soplaba.

Era casi de noche aquel 7 de diciembre del 2014. El miedo rara vez lo paralizaba. Preston era de los que, en lugar quedarse con dudas, avanzaba hasta conseguir lo que buscaba.

—Mira ahí —dijo una voz a sus espaldas.

Preston se giró y alcanzó a ver el rostro de su amigo Terry Blake, que avanzaba cuidadoso detrás de él. Se aproximaron a unas rocas enormes llenas de ramas. Desde ahí percibieron la presencia de dos personas que llevaban ropas muy peculiares. Estaban preparando una fogata y tenían una casa de campaña preparada para ellos. Preston se agachó lentamente y Terry lo secundó.

—¿Crees que sean ellos? —preguntó Preston.
—No estoy seguro, pero la descripción que nos dieron parece coincidir.
—No podemos acercarnos más. Podríamos hacer que huyan, pero esto confirma que la teoría de Emily es cierta.

El teléfono de Preston vibró en ese momento. Lo sacó de su bolsillo y miró la pantalla. Era su amiga Sage Walker, quien le había realizado una videollamada. Preston acomodó el teléfono para mirar bien a la chica.

Detrás de sus risos dorados se veían unos arbustos grandes. Ella inició la conversación, pero Preston rápidamente llevó su índice a los labios, indicándole que guardara silencio. Sage obedeció su gesto una vez que comprendió la razón. Terry tomó el teléfono de Preston y le mostró a Sage lo que habían encontrado.

—Era cierto —dijo Sage asombrada y con un tono de voz bajo— son ellos. Los extraños con habilidades de supervivencia.
—Así es como Emily se refirió a ellos ¿no? —preguntó Terry.
—En efecto —afirmó Preston— dijo que llevaban días en este lugar.
—Pero ¿qué hacen y porqué se visten así? —Sage tenía sus propias dudas.

—Supongo que actúan de esa forma por instinto de supervivencia, pero es muy extraño que vivan en este lugar. Quiero decir, es un bosque grande y tiene zonas habitables, pero nadie vive en los bosques.
—¿Qué tal si nos acercamos más? —preguntó Terry.
—No —sugirió Sage con voz fuerte y luego se tapó la boca, apenada.

Preston y Terry se agacharon al notar que los dos individuos habían escuchado la voz de la chica. Uno de ellos abandonó el campamento y tanto Terry como Preston retrocedieron unos pasos. Sage se dio cuenta de lo que sucedía. Los extraños del bosque habían percibido murmullos. Sus amigos no tuvieron otra opción más que abortar la misión.

—Los espero en la entrada del bosque junto al puente. No tarden.

Preston se guardó el teléfono en el bolsillo y respiró profundo. Se sentía un poco agitado. Nunca esperó que los dos individuos sospecharan de la presencia de alguien. Tal vez estaba exagerando, pero tenían que ser meticulosos. Salió de su escondite junto a Terry, quien parecía bastante intrigado. Con suerte, llegaron a la zona de los peñascos donde volvieron a ocultarse. El hombre que salió a inspeccionar nunca descubrió la presencia de aquellos chicos, pero si encontró algo muy peculiar. En el suelo había una tarjeta de cartón con una inscripción:

“Investigaciones Walker: Resolvemos misterios a domicilio”.

Aquel hombre usaba un sombrero negro bordado de una cinta y vestía una camisa de algodón blanco, una corbata de seda y un chaleco largo oscuro. Se ajustó las gafas para leer lo escrito en la tarjeta y luego dirigió la mirada hacia el horizonte, donde logró distinguir la silueta de alguien que se alejaba.

Cuando Preston y Terry llegaron a la entrada del bosque, con la respiración agitada por la carrera que echaron, Sage se encontró con ellos. Los había esperado mientras realizaba anotaciones en un cuaderno.

—Chicos, me alegra que estén bien y que salieran de ese lugar a salvo. Creí más conveniente que nos viéramos aquí.

Preston exhaló una profunda respiración mientras se recuperaba.

—Todo es muy extraño, pero parece que esas personas no son de aquí. Al menos de este tiempo. No logro entender por qué están acampando en este bosque o qué es lo que pretenden —sugirió Preston.
—Yo tengo muchas dudas. ¿Saben si Emily notó algo más durante su paseo por este bosque?

—No, solo que había visto dos curiosos de ropas antiguas buscando ayuda por el bosque. Uno de ellos llevaba una antorcha en la mano y se le quedó viendo fijamente. Su amiga Fiona se burló de ellos, pero Emily decidió cuestionarlos, pensando que se trataba de dos remanentes —respondió Terry.

Sage guardó sus pertenencias en su bolso y ajustó sus rizos rubios, que estaban adornados con una preciosa boina roja. Preston miró en su teléfono algunas fotografías que tomó de los extraños y Terry esperó a que sus amigos propusieran el próximo paso.

—¿Creen que pueda tratarse de dos remanentes? —Terry empezó a teorizar.
—No lo creo, amigo —puntualizó Preston— si lo fueran no estarían aquí. Parecen dos inadaptados. Un remanente vive su vida en una nueva época sin tener conocimiento de su vida previa. Sería como Howard, pero sin los recuerdos de sus primeros 27 años en Chicago.
—Tienes razón.
Un sonido de teléfono resonó y Sage se percató de que era el suyo. Su amigo Daniel Callaghan acababa de enviarle algunas imágenes.
—Daniel recibió las fotos que Preston tomó y también tiene algunas que Emily tomó de los extraños cuando volvió a buscarlos.
—Perfecto. Creo que deberíamos ir a casa y descansar por ahora —sugirió Preston.

 

****

 

La vida de Howard Wells resultó ser más complicada de lo que él esperaba. Siendo un hombre nacido en el año de 1898 y que vivió hasta sus veintisiete en la ciudad de Chicago durante los años veinte, todavía le resultaba complejo adaptarse a la época en la que se encontraba. Durante sus primeros días en la ciudad de Sacret Fire la pasaba encerrado en la habitación que los padres de Preston le asignaron. Cuando Preston rescató a su tío abuelo durante un viaje a 1925 en la ciudad de Chicago, sus padres estuvieron un poco reacios ante la idea. No fue hasta que Preston se vio en la necesidad de revelar su secreto a sus padres: era un viajero del tiempo y tenía que rescatar a su tío Howard Wells, cuyo destino era desaparecer de la faz de la tierra durante el mes de mayo de 1925.

Henry Wells, el padre de Preston, quedó bastante fascinado cuando conoció a Howard, quien no pudo con las impresiones que los Wells tuvieron de él y por eso sus primeros días fueron algo complicados. A veces estaba en la sala de estar, lugar donde Henry tenía muchos libros. Uno de los pasatiempos que Henry adquirió de sus padres fue comprar enciclopedias ya que, según ellos, albergaban muchos conocimientos.

Howard bajaba solo a comer, pero le resultaba todavía complicado salir de casa. Había días en los que salía al jardín para apreciar los exteriores, pero el hecho de ver gente vestida tan diferente le resultaba abrumador. Era como estar en un mundo totalmente nuevo. Añoraba con regresar a su época e intentó convencer a Preston varias veces, pero sabía que había personas que lo querían muerto por razones que él decía desconocer. Los vastos conocimientos de Howard en física cuántica y sus teorías sobre la existencia de los universos paralelos eran un gran avance para su época. Pero también, según Preston, Howard estaba muy adelantado para 1925.

Los meses posteriores a su llegada, Howard comenzó a hacer uso de la computadora que Preston tenía, pero no quería actualizarse y prefería usar la tinta y papel para plasmar sus nuevos aprendizajes. Disfrutaba mucho encontrar informaciones útiles en “los conocimientos de la pantalla”, como Howard los llamaba. Ayudaba a Rebecca con la limpieza en casa, pero a los Wells les molestaba un poco. Preferían no sobrecargar a Howard y optaban por permitir que se adaptara hasta sentirse listo para enfrentarse al mundo exterior. Armado de valor y con un miedo trepidante que le punzaba el estómago, Preston llevó a Howard Wells a comprarse sus primeras ropas durante el mes de junio del 2014.

Había pasado casi un mes desde su llegada. Sin embargo, el camino, en lugar de ser abrumador, fue emocionante para él. Era como estar en un nuevo mundo y Preston se sentía responsable del bienestar de su tío abuelo. Howard pensaba que algún día volvería a su vida en el pasado, pero esa idea fue congelándose con el tiempo. Los meses siguientes fueron buenos para el Doctor Wells. Continuó ampliando sus conocimientos aprovechando la amabilidad de los Wells para financiar su estadía en casa. El mes de agosto, la investigación de Howard Wells sobre los mundos paralelos arrojó nuevas informaciones que a Preston le resultaron interesantes.

El proceso de adaptación del Doctor Wells sirvió de distracción para Preston quien, tiempo antes, descubrió que en realidad no era un Neonero sino un Mago del Tiempo. Esto no fue lo único. También descubrió que la mayoría de los eventos que lo llevaron a conocer a los Protectores fueron una mera manipulación de los Señores del Tiempo, una orden muy antigua y secreta que vigilaba los albores del tiempo y sus designios.

Durante varios días, Preston intentó persuadir a Howard para que saliera de casa y disfrutara de un paseo por la ciudad. Si bien sabía que Howard era más hogareño, finalmente logró convencerlo en el mes de septiembre, cuando se reunieron con sus amigos en el bar Paradox. Cada uno de los amigos de Preston contó un poco sobre sus historias y cómo habían conocido al Viajero del Tiempo. Howard se deleitó con las cervezas que se preparaban en el Paradox y dejó ver su sorpresa ante las comidas que el lugar servía. Terry destacó la importancia del periodo de adaptación de Howard, señalando que a él le había llevado considerablemente menos tiempo.

—No siempre eres rescatado en 1925 y traído al 2014. Entiendo que tú vienes de un mundo totalmente distinto, Terry. Agradezco que hagan todo esto por mí y lo aprecio mucho, pero aún hay cosas que prefiero seguir haciendo como las hacía en casa.
—A Howard le encanta leer. Se ha devorado las enciclopedias de física que mi padre tiene en casa —enfatizó Preston.
—¿Qué hay de ti, Preston? ¿Qué has hecho sobre el descubrimiento que hiciste hace unos meses? —preguntó Sage.

Preston se quedaba callado cuando alguien lo cuestionaba sobre aquella verdad. Para empezar, él no entendía cuál era su relación con los Señores del Tiempo. Debía existir toda una jerarquía, pero él no lo sabía. Tal vez estaba siendo puesto a prueba para medir su capacidad de dirigir a los Guardianes de la Historia, cuyo destino era proteger la historia tal y cómo la conocían. Howard hizo énfasis en sus intentos por ayudar a Preston, pero el joven Wells siempre cambiaba el tema con una mirada agridulce.

Durante el mes de octubre, Howard visitó el campus universitario en compañía de Alanna Walker y Preston Wells. Alanna tuvo algunas ideas que le resultaron interesantes, como poner a prueba la capacidad de Howard para enseñar en la clase de física. Entendía que Howard era bastante tímido y cerciorarse de sus capacidades podría ser un reto. Howard seguía usando sus ropas antiguas en ocasiones y el reloj de bolsillo que siempre llevaba en el chaleco. Algunos profesores de la universidad miraron a Howard con expresiones extrañas. El Doctor Wells percibió esas miradas y experimentó cierta incomodidad.

La oferta de Alanna fue en vano cuando Howard salió corriendo del edificio y se quedó inerte en una de las plazas principales, donde observó a decenas de jóvenes con la mirada fija en sus teléfonos digitales. No le agradó nada de lo que vio. ¿Era eso realmente lo que quería para él? No lo sabía. Preston buscaba una nueva vida para el Doctor Wells, pero estaba resultando de lo más complicado. Howard continuaba siendo inseguro y esto mataba cualquier oportunidad de trabajo. Preston lo encontró sentado en una banca, cabizbajo y con las manos juntas.

—Sé lo difícil que es para ti vivir en esta época. Has abandonado todos los sueños que tenías y entiendo que lo de hace un rato fue abrumador —Preston se sentó por un lado de él.
—Estoy lejos de casa, Preston, a la que no puedo volver porque voy a desaparecer de cualquier forma. Sin embargo, vivir en el futuro ha sido muy abrumador, pero sé que debo darme la oportunidad por lo que esa mujer nos dijo.

—Ella dijo que debías estar aquí, pero aun no entiendo por qué.
—Supongo que tendremos que descubrirlo, pero, por ahora, no voy a trabajar en este lugar. Espero que lo puedas entender.
—Perdóname si me precipité en buscarte una opción de trabajo.
—¿Sabes qué podría ayudarme?
—¿Qué?
—Investigar más sobre esos remanentes que han mencionado. ¿Les robaron información valiosa hace un tiempo no?
—Destruyeron la primera Guarida del Misterio y sí, robaron mucha información que Daniel había colectado con los años.
—Yo podría ser útil en averiguar cosas con lo que sé. Además, Diana dijo que eras capaz de detectar aberraciones en el tiempo ¿no?
—Sí, pero aún no sé cómo funciona ese poder y ya pasaron muchos meses.
—Será hora de que comencemos a trabajar en eso. Comamos una pizza en tu casa y empecemos cuanto antes.

 

****

 

La Guarida del Misterio era un lugar que Sage Walker y Daniel Callaghan construyeron años atrás. En él se dedicaban a realizar investigaciones sobre misterios paranormales que sucedían en la ciudad de Sacret Fire. La primera ubicación fue en unas bodegas que los padres de Daniel tenían, pero, dos años atrás, los Buscadores saquearon el lugar y destruyeron casi todo el equipo de cómputo.

Tiempo después, Daniel inició nuevamente sus operaciones en una pequeña habitación que el tío de Sage, Hunter Pryce, tenía en su casa. Apenas tenía espacio para cuatro personas, por lo que Daniel se vio en la necesidad de hablar con Terry para que abogara por él y sus amigos. Terry contactó a Hunter, quien se encontraba de viaje por Europa, para pedirle permiso de utilizar la segunda oficina donde Hunter resguardaba antigüedades. Hunter era coleccionista y parte de su viaje se debía a esto.

Nadie sabía exactamente en qué zona de Europa se encontraba, pero, como Ben les dijo a los chicos, con que se encontrara lejos de los problemas era suficiente para él. Hunter había pasado por una mala racha. Su antiguo novio, Jordan Tate, había resultado ser el Tercer Buscador que solo lo enamoró para robar la Máquina del Tiempo que Ben construyó. Cuando Hunter tuvo la oportunidad de confrontar a Jordan casi lo mata, pero fue Alfred Hawkins quien lo salvó de cruzar esa línea, al rematar a Jordan con un disparo en la frente. La oficina de Hunter se había convertido en una Guarida del Misterio provisional. Aunque Daniel no tenía un poder como sus amigos, sabía que su mayor activo eran sus conocimientos y su capacidad para encontrar soluciones.

—No me queda duda de que estos cambios realmente nos sentaron bien a todos —dijo Sage, mientras se acomodaba con su computadora en manos sobre un sofá grande.

La Guarida del Misterio tenía todo para las investigaciones más escabrosas. Frente a varias mesas se alineaban tres monitores enormes, acompañados de sillas con reposabrazos cuidadosamente dispuestas, pizarras de trabajo para fomentar la creatividad y una cafetera lista para el café de la mañana. Daniel amaba lo que había hecho con aquel lugar. La mudanza a la nueva guarida se llevó a cabo semanas después de la partida de Hunter, y el primer misterio que resolvieron fue el de un misterioso circo durante el verano del 2014.

—Desde que estábamos en aquella habitación tuve la inquietud de moverme. Le dije a Terry que hablara con Hunter. Tú sabes, él tiene más confianza porque ha vivido en su casa desde que llegó.
—La responsabilidad de cuidar de este lugar debe ser enorme para Terry. Hay muchas antigüedades. Es como si vivieras en un mini museo.
—Ya lo entiendo.

La puerta de la oficina se abrió y Preston entró acompañado de Terry Blake. Preston usaba una chaqueta de mezclilla sobre una camisa blanca y unos pantalones oscuros. Saludaron a sus amigos con un abrazo y después distribuyeron unas fotografías impresas.

—Hiciste un buen trabajo —dijo Sage, admirando la fotografía.
—Gracias. La restauré con un programa yo mismo. Daniel me dijo que estaba bastante ocupado ayer y no pudo hacerlo —agregó Preston.
—Estas personas me intrigan demasiado —Terry señaló a los hombres del bosque.
—¿Alguno de ustedes pudo hablar con Emily? —cuestionó Preston.
—No —respondieron Daniel y Terry.
—Puedo citarla en este lugar, si te parece bien a ti, Daniel —sugirió Sage.
—¿Por qué no habría de parecerme bien?
—Bueno, es que ustedes tuvieron un noviazgo.
—Chicos, Emily y yo terminamos hace casi un año. Lo que más me emociona en este momento es resolver este nuevo misterio que tenemos entre manos.
—De hecho, sería el primer misterio que resolveríamos después del Circo Estelar —agregó Sage.
—Ni me lo recuerdes que todavía tengo pesadillas —dijo Daniel.

Sage se puso a trabajar en su computadora y su ánimo fue notable. La manera en que plasmaba sus palabras sobre los descubrimientos recientes la hacía sentirse emocionada. Emily García, ex novia de Daniel, era una remanente que decidió quedarse a vivir en la actualidad. La joven fue testigo de un extraño avistamiento en el bosque días atrás, junto a su amiga Marissa Turner. Las dos habían salido de paseo junto a otra chica, compañera de Marissa en la universidad. Esta chica se llamaba Fiona. Fue a principios de diciembre cuando las dos jóvenes se adentraron en las profundidades del bosque.

Acamparon en una cabaña que pertenecía a los padres de Fiona, pero se llevaron una gran sorpresa cuando vieron a dos individuos caminando por el bosque. Estaban vestidos con ropas que parecían muy antiguas. Fiona, que se encontraba en estado de ebriedad, fue muy inoportuna y decidió acercarse a los dos extraños. La situación se puso tensa cuando Fiona se portó grosera con ellos. Sin embargo, la actitud de aquellos hombres despertó cierto interés en Emily.

—Emily dijo que ellos les preguntaron sobre sus vestimentas, lo cual es raro —afirmó Sage.
—¿Estás escribiéndolo? —preguntó Daniel.
—Alguien tiene que documentarlo. Tú dejaste de hacerlo cuando allanaron la otra guarida. Además, creo que con los datos que hemos obtenido puedo establecer una buena narrativa de los hechos.
—¿Entonces fue Fiona la que se portó grosera con ellos? —preguntó Preston.
—Sí, pero la curiosidad de Emily fue el detonante. Ella se fijo en sus ropas y, cuando los cuestionó, ellos afirmaron que las usaban a diario.
—Fiona se burló de ellos diciendo que brindaran por los hombres del pasado.
—Qué estúpida —dijo Daniel, con desagrado.
—Lo mismo pensé yo —afirmó Sage.
—Así que eso detonó la curiosidad de Emily —dedujo Preston.
—Sí, fue todo, pero no quiso averiguar más cosas esa noche porque la grosera de Fiona se descontroló y Marissa apenas pudo calmarla. Emily los buscó de nuevo la mañana siguiente y descubrió que estaban acampando en el bosque.

—Es tan extraño. Sin embargo, creo que, por las ropas, si pertenecen a la década de 1870. Miren —Terry les mostró la pantalla de su laptop.
Sage, Preston y Daniel observaron la computadora de Terry. Se trataba de una fotografía de las vestimentas que se usaban durante la década de 1870.
—Definitivamente no pertenecen a esta época, pero mi pregunta es ¿por qué piden ayuda? —estableció Terry.
—¿Y si la pidieron y nadie se las dio? —Preguntó Preston—. Ustedes saben el tiempo que le ha llevado a Howard acostumbrarse a esta época. Ya pasaron ocho meses desde su llegada y, honestamente, no ha sido fácil.
—Exacto. Es un caso distinto al de Emily, Bruce o Anthony. Ellos tenían recuerdos de otra vida. Si estos dos hombres establecieron un campamento en el bosque, significa que tal vez están viviendo ahí —sugirió Sage.

—Yo pude ver que tenían algunos refrigerios. Tal vez los consiguieron en las tiendas aledañas al bosque —agregó Preston.
—Entonces ¿qué hacemos? —preguntó Sage.
—Cuestionarlos. Ya nos dimos cuenta de que tal vez son inofensivos, así que no creo que nos hagan algún tipo de daño. Además, si esto fuese una aberración en el tiempo ¿por qué no pude sentirla?

Preston se llevó las manos a la cabeza y se sentó. Sobre una mesa en la esquina, descansaba una pila de documentos que contenían información sobre los posibles fantasmas que Daniel había investigado en años anteriores. Estos individuos habían sido etiquetados como misteriosos debido a su presencia inquietante en Sacret Fire. Entre los documentos, Preston encontró una fotografía de Bruce Hills, evocando ciertos recuerdos. Desvió la mirada por un momento, reflexionando sobre todo lo que había sucedido, hasta que un chasquido de dedos lo devolvió a la realidad.

—¿En qué piensas, Preston? —preguntó Daniel.
—En lo que Diana me dijo hace unos meses. No ha pasado nada. Además, los Buscadores no han dado signos de vida.
—Hasta ahora —dijo Sage— ¿qué tal si la aparición de estos individuos es parte de uno de sus nuevos proyectos?
—El proyecto Alpha está acabado, pero no descartaría la teoría de que han regresado —sugirió Terry.

Los chicos pasaron un buen rato en la Guarida del Misterio, tratando de establecer una teoría sobre la aparición de aquellos extraños individuos. ¿Quiénes eran y porqué estaban viviendo en aquel lugar? ¿Cuáles eran sus intenciones? Si no eran remanentes, entonces ¿qué eran?

 

****

 

Ben Walker se había centrado en su familia durante los últimos ocho meses. La experiencia en el Búnker Alpha le había pasado factura por lo que no quería saber nada sobre los Buscadores. Su mejor amigo, Hunter Pryce, había estado a punto de asesinar a alguien y no lograba borrarse la imagen de la cabeza. Quería alejarse de lo sobrenatural por un tiempo y recuperar el tiempo que había perdido con su familia.

La mañana del 8 de diciembre, Ben disfrutaba de un delicioso café en una zona recreativa de la universidad de Sacret Fire. Eran las diez de la mañana cuando un par de chicos se acercaron a él para hacerle algunas preguntas. Ben daba clases de física en la mañana y parte de la tarde, un horario que se ajustaba perfecto a sus necesidades y las de su esposa Alanna, quien se mostraba contenta de que Ben estuviera de vuelta en la escuela. Aunque también se sentía consternada, ya que Ben había abandonado su mayor pasión: su laboratorio. Este llevaba meses cerrado y la máquina del tiempo estaba desmantelada. Ben estaba decidido a evitar que su creación cayera en manos equivocadas.

—¿Leyeron los ensayos que sugerí? —preguntó Ben con un lector de libros electrónicos en la mano.
—Así es, profesor. Creo que hemos descubierto la causa de nuestro problema y finalmente hemos logrado resolver la incógnita en la que nos equivocamos en el examen.
—No quiero verlos en los extraordinarios. Es mejor que se esfuercen un poco más.
—Gracias.

Los dos chicos se alejaron del profesor Walker cuya presencia era bastante notable en la universidad. Muchos de los alumnos se mostraban contentos por la presencia de Ben, sobre todo las alumnas, a las que robaba suspiros. Ben era joven. Tenía apenas 36 años y era un destacado científico en la sociedad de la ciudad, pero su trabajo era poco valorado por muchos. La gente lo conocía y hablaba mucho de él ya que Ben estuvo desaparecido durante un tiempo.

Su búsqueda fue una de las más exhaustivas y su esposa Alanna llegó a gastar miles de dólares en encontrarlo, todo para que estuviera en otro universo paralelo del que fue rescatado por Preston y sus amigos. Terry, proveniente de ese universo, llegó como un mensajero de Ben buscando especialmente a Preston y Sage, que eran considerados los líderes en su grupo de amigos. Cuando Ben llegó a casa esa tarde, se encontró a su sobrina Sage Walker escribiendo en la sala de estar. Le encantaba ver a la joven entregada a lo que le apasionaba, y no dudó en curiosear.

—He oído decir que estás investigando un nuevo misterio.
Sage se giró al escuchar a su tío y lo saludó con un abrazo. Ella lo quería mucho. Después de todo, Ben y Alanna adoptaron a Sage cuando era pequeña, luego de quedar huérfana a los cuatro años.
—No es el tipo de misterio que quisiera, pero al menos representa un enigma por resolver.
—¿Recibieron su segundo caso en las Investigaciones Walker?
—No exactamente. Fue un avistamiento que hizo Emily en el bosque.
—¿En el bosque? —Ben frunció el ceño.
—Sí, es algo extraño. De hecho, no sé si contártelo porque estaba respetando tu descanso de lo paranormal.
—Ya ha pasado un tiempo —Ben se sentó sobre un sofá.
—Además, tienes esta nueva onda de profesor que te va bien y te ves contento. No quería estropearte eso.

Ben dio un suspiro de tranquilidad. Admiraba que su sobrina respetara las decisiones de otros. Después de lo que Ben había vivido en los últimos años y que una de sus máquinas fuera usada para fines perversos, la culpa le asechaba constantemente. Ben se sentía responsable de la desaparición de las personas que fueron parte del proyecto Alpha y quería pasar página a como diera lugar. Cuando Sage notó que su tío pronunció un largo silencio, decidió acercarse a él.

—¿Tío?
—Disculpa. Tenía la cabeza en otro lado.
—¿Quieres que te lo cuente?
—¿Por qué no? Tal vez pueda orientar tu investigación.
—Bien —Sage dio un suspiro— los chicos y yo visitamos el bosque Ravenswood Hills durante el día de ayer para ver lo que Emily había visto. Dos personas con ropas muy antiguas estaban acampando en el bosque, lo que resultó bastante curioso.
—¿Con ropas de otra época?
—Terry descubrió que las ropas se usaban en la década de 1870, lo que podría tener relación con la pregunta que Emily les hizo.
—¿Qué fue lo que preguntó?
—Emily quería saber de dónde venían. Tú sabes, ella es un remanente después de todo. Uno de los hombres respondió que provienen de Nueva York, que estaban en el centro de la ciudad y no sabían cómo llegaron a ese bosque.
—Eso es muy extraño.
—Lo mismo pensé. Digo, nunca vimos algo así. Siempre veíamos personas que vivían en esta época y su mente comenzaba a mostrarles recuerdos. Como Bruce Hills, cuando Preston le mostró aquel libro o el día en que Daniel le habló a Emily sobre el edificio Hoffe.

Ben se quedó pensativo por un momento y Sage esperaba una respuesta de su parte. El caso de las dos personas de otra época resultaba demasiado extraño y Sage quería averiguar cómo habían llegado al bosque.

—No estarás pensando que los Buscadores han regresado, ¿verdad? —Sage mostró preocupación.
—No lo dudaría —Ben se puso de pie con la mirada seria— digo, Gideon querrá vengarse por lo que le hicimos a su máquina del tiempo y lo que pasó con Jordan.
—Pero ha pasado mucho tiempo, tío. ¿Por qué ahora?
—Es lo mismo que yo me pregunto. Pero si quiero que sepas algo: no pienso abrir el laboratorio a menos que sea una cuestión de urgencia —Ben hizo una pausa y respiró profundo— sé que le hice una promesa a Dale Henry acerca de la máquina del tiempo y los remanentes, pero lo que pasó con Hunter y Jordan…
—Tío, eso pasó hace mucho tiempo.
—Solo sigan investigando y avísame.

Sage se sintió apenada y pudo darse cuenta de la reacción que Ben mostró. Tampoco quería privarlo de una vida tranquila, pero ¿quién podía culparla? Ben Walker estaba más metido que nadie en lo sobrenatural y había creado la máquina del tiempo. Pero eso no era todo, también era un Visionario, un ser capaz de visionar el futuro y aportar un gran valor a los avances científicos, tecnológicos, humanos e incluso mágicos.

 

****

 

La mañana del 12 de diciembre, Preston abrió la puerta del refrigerador y tomó un poco de leche. Su hermano Heath se encontraba en la barra de cocina jugando con su Nintendo 3DS. Preston sirvió un poco de cereal en su plato y encendió el televisor. Sus padres se encontraban fuera de la ciudad durante aquellos días y habían prometido volver pronto. Preston pasó los últimos dos días cuidando de su hermano Heath, quien no sabía absolutamente nada sobre la verdad de Howard y el secreto de Preston.

—¡Buenos días! —saludó un educado Howard que vestía una camisa azul, un pantalón de mezclilla negro y un saco.
—Buenos días, tío Howard —saludó Heath.
—Parece que tu armario se volvió más alegre —sonrió Preston.
—La ropa en este lugar es cálida, extraña y creo que ha evolucionado.
—¿Evolucionado? —Heath frunció el ceño.
—De dónde Howard viene no se usan este tipo de ropas —afirmó Preston.
—¿Por qué no le dices “tío”, Preston?
Preston y Howard se miraron, sumidos en un silencio penetrante. Howard sirvió un poco de café en una taza y dirigió una sonrisa a Heath.
—Preston y yo tenemos casi la misma edad, Heath.
—Así es, Heath. Soy mayor que tú y eso significa que estás bajo mi jurisdicción.
—Mamá dijo que me llevarías al Palacio de la Hamburguesa.
—¿Lo dijo?
—Dejó toda una lista de cosas por hacer en el calón de la alacena.

Preston miró el cajón y descubrió un cuaderno amarillo con notas. Su madre era bastante meticulosa cuando se trataba de cuidar el orden de las cosas en casa. Preston se sintió abrumado porque sabía que tendría que reunirse con sus amigos y no podría llevar a Heath. Por otro lado, Howard tenía una teoría sobre lo que podría haber causado la aparición de las dos personas del bosque, así que Preston no rechistó en llamar a la primera persona que se le vino a la mente. Una hora más tarde, Preston, Howard y Heath se presentaron en la casa de Ricardo Castillo, un antiguo amigo del grupo de Preston y que era la ex pareja de Hunter Pryce. Heath era todavía un niño algo inquieto, pero Preston le dejó muy claro a sus padres que su vida como Mago del Tiempo era exigente y no podría cuidar a su hermano todo el tiempo. Ellos eran conscientes de las responsabilidades de su hijo Preston porque conocían su secreto, pero también necesitaban viajar solos y por esa razón confiaban en su hijo.

—Lo siento, Ricardo. Espero que no te moleste.
—No, para nada. Mi hermana está de visita así que podríamos cuidar de Heath.
Preston soltó un suspiro de alivio.
—Recuerdas a Howard, ¿cierto?
—Por supuesto. ¿Cómo estás, Howard? —Ricardo extendió la mano y lo saludó.

Howard hizo lo mismo, aunque su saludo seguía siendo extraño para Ricardo, quien se sintió un poco apenado.

—Es de otra época —agregó Preston.
—Eso no lo sabía —Ricardo mostró asombro.
—1925 para ser exactos, pero ya vivo aquí —Howard no le soltó la mano hasta que Ricardo lo hizo.
—De acuerdo, no quiero saber más, pero te ayudaré, Preston.

Ricardo tuvo una impresión peculiar de Howard. Inicialmente, no entendió completamente cuando Preston le dijo que era de otra época, pero la reacción de Howard ante las cosas que había en su departamento le proporcionó suficiente material para formarse una idea.

—Creo que nunca saldría con alguien que hubiese nacido en 1925.
—Bueno, ya estaría muerto, pero con Howard las cosas son distintas. Digamos que fue un rescate oportuno. Me da gusto que esté aquí y aprendo mucho de él. Entonces pasaré por Heath en cuatro horas. ¿Está bien?
—Dijiste que le gustan los videojuegos ¿cierto?
—Sí.
—Creo que se llevará bien con Aria. Es la hija de mi hermana Marianna.

Preston y Howard salieron corriendo hacia la casa de Hunter Pryce, donde fueron recibidos por Terry y Daniel. Los dos chicos habían colocado sus notas de investigación en pizarras transparentes. Sage estaba con ellos, analizando cada dato, esperando que no se le escapara nada.

—Venimos en cuanto pudimos. Mis papás me dejaron a cargo de Heath.
—¿Siguen en Seattle? —preguntó Sage.
—Llegan en dos días. Se me hace eterno. Heath está en la preadolescencia y hay días en los que está de un humor extraño.
Daniel y Sage se miraron con una sonrisa. Entendían a la perfección a qué se refería Preston.
—Pronto llegará a la adolescencia —Daniel se mofó.
—Eso será tarea para mi madre —suspiró Preston, sintiéndose aliviado.
—¿Cómo es la adolescencia en esta época? —preguntó Howard.
—Como una patada en el trasero —respondió Sage, sonriendo.
—¿Eh? —Howard estaba más confundido.
—Digamos que es muy diferente hoy en día. Supongo que el cambio es multigeneracional.

Howard no comprendió del todo, pero la palabra "multigeneracional" le hizo caer en cuenta. Se acercó a las pizarras, revisó la información y comenzó a hacer algunas anotaciones. Los jóvenes le observaron sigilosamente, sin perder detalle. Luego, sacó algunas prendas de su mochila. Era la vestimenta que llevaba el día que desapareció en 1925.

—¿Qué es todo esto, Howard? —Preston se acercó con los brazos cruzados.
—Pienso que nos estamos enfrentando a una distorsión espacio temporal.
—¿A qué te refieres?
—Las distorsiones espacio temporales son una clase de fenómenos que implican un rompimiento en la estructura del espacio y el tiempo. Podría tratarse de la presencia de una energía extraña que está curvando el espacio tiempo. Esto podría provocar la aparición de nuevos portales en diferentes mundos o épocas.

—No entiendo mucho de física, pero creo saber de lo que hablas. ¿Recuerdan el portal en casa de la señora Claudia Miller? —Sage miró a sus amigos.
—Sí —asintieron todos.
—Ha estado ahí por años. Michael y sus amigos en la casa Miller en 1984 al adentrarse en ese portal.
—¿Entonces ya han aparecido portales en este lugar desde mucho tiempo antes? —Howard se cruzó de brazos.

—Era una especie de portal que aparecía y desaparecía en determinados momentos del día. La señora Claudia me contactó porque sabía que yo investigaba fenómenos paranormales en esta ciudad. Ella creía que se trataba de alguna presencia paranormal, pero cuando los chicos y yo investigamos nos dimos cuenta de que no era así. Era un portal hacia otro mundo, que ha estado ahí desde 1984 o tal vez antes.

—Un portal que utilizamos para salvar a la hermana de Tilly porque sabíamos que la Cuarta Orden iría tras ella —agregó Preston.
—¿Ella vive en otro mundo ahora? —preguntó Howard.
—Sí, como yo —Terry alzó la voz— bueno, ahora vivo en este mundo.
—Nunca pregunté cómo es el mundo del que vienes.
—No querrás saberlo, Howard. Es tan terrible y no puedo volver. Si lo hago…
—Atraparían a Terry y buscarían en su mente la localización de Ben Walker —Preston completó la frase de Terry.
—Oh, ya entiendo —Howard sonrió— bien. Entonces, ahora les contaré mi plan. Si es que todos están de acuerdo. Es toda una aventura algo loca, pero pienso que podría salir bien. Además, ya están acostumbrados.

Howard les mostró sus ropas y un sombrero que había encontrado en la colección de Hunter. Howard quería hacerse pasar por una persona de otra época con tal de acercarse a los dos extraños y obtener información. Si querían llegar al fondo del asunto, necesitaban encontrar más respuestas.

—Suena descabellado, pero no creo que sea tan peligroso como lo que pasamos en aquel hotel de Chicago hace unos meses.
—No, creo que es genial —Preston sonó convencido— ¿qué dicen los demás?

Todos asintieron. Al ser Howard de una época más cercana a las de los forasteros, podría encontrar el modo de persuadirlos y obtener la información que necesitaban. Siempre y cuando tuvieran mucho cuidado.

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